Necesidad de una respuesta
Enrique Obregón Valverde
La tecnología nos anticipa un nuevo futuro, pero nos impide construir nuestro propio futuro
abogado
La tecnología, como se nos presenta ahora, descubrió el trágico motor de la velocidad. La rapidez del cambio confunde el espíritu y opaca la razón; nos roba el pasado y nos impide creer en el futuro. De pronto nos sentimos fuera del tiempo en nuestro propio tiempo. La esperanza de una vida mejor se ha ido de la realidad social, de todas las sociedades.
Nos pesan demasiado los horrores del siglo pasado porque adquirimos la conciencia de que alguien violó brutalmente lo que entendíamos por civilización. Esa memoria ha creado un temor universal. Hay un miedo permanente frente a la posibilidad de que todo aquel horror se pueda repetir. Ahora sabemos –antes no– del mal que el hombre es capaz de hacer.
Humanismo. Ese miedo a construir un futuro esperanzador impide recobrar los valores que dieron base a lo que entendimos siempre por humanismo, por aquella forma de vivir con un principio aceptable de razón creadora y una base espiritual de fe que fortalezca, y, en medio de ambas, revoloteando con seguridad, lo que comprendimos por libertad.
Hace más de cincuenta años destruyeron, a mazazos, el origen y objetivo de los valores, de aquellos principios sin los que la armonía social y la convivencia pacífica se presentan como metas imposibles de alcanzar.
En los primeros años del siglo XXI, cada vez con mayor precisión, comprendemos que hemos heredado una sociedad con valores desgarrados y con una violencia hasta ahora desconocida que se ha universalizado. Lo que estamos entendiendo es que se ha consolidado una forma de vivir sin moral. Es la moral la que he desaparecido del mundo de relaciones, tanto públicas como privadas.
Momento crucial. La tecnología nos anticipa todos los días un nuevo futuro, pero nos impide construir nuestro propio futuro. Antes sabíamos que podíamos avanzar, ahora sabemos que no podemos dar un paso hacia delante.
Estamos en un momento crucial entre el siglo XX, en donde imperó una máxima violencia estatal, y un siglo XXI que se inicia con una desconocida violencia individual y, en medio de todo, un ciudadano a quien enseñaron a defender los valores y a vivir respetando una determinada organización jurídica, pero que se manifiesta incapaz de obtener una respuesta intelectual y moral para todo lo que está sucediendo.
periódico La Nación 16 julio 2008.

Meneame
del.icio.us