Columna A FONDO
José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
El nombramiento del abogado y actor Gustavo Rojas al frente de la Compañía Nacional de Teatro como su Director Artístico, nos renueva muchas esperanzas. Quizá sea cierto, como dicen las críticas, que no ha sido el mejor actor, ni que su vida la haya pasado detrás del telón. Esto es, cuando una persona no come, no duerme ni toma tragos permanentemente con un grupo, no lo consideran parte de él.
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Rojas diversificó su educación sacando un doctorado en Derecho en España. Lejos de alejarse del Teatro, eso lo acercó más. Efectivamente, el acerbo cultural logrado y su cercanía con este arte europeo le dio un abolengo que no hubiera conseguido aquí, aunque no hubiese actuado en los escenarios del Viejo Mundo. Por otra parte, reconocido está, Gustavo Rojas suple con demasía la ausencia de alguna destreza dentro del escenario con su liderazgo natural y cultivado por sí mismo. Y dado que la puesta en escena que se le encomendó no fue actuar en una obra sino dirigir una compañía alicaída, lo que se necesita es liderazgo más que actuación. ¿O no?
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Decimos que es esperanzador porque el teatro costarricense no llama a nadie. Es tan, pero tan flojito, que la forma que tiene para llamar espectadores es con títulos sexualistas, eróticos o ridículos. Pero difícilmente alguno se anuncia por la calidad. Con unas cuantas palabras vulgares rellenan sus falencias de montaje y con el tratamiento descarnado del sexo rellenan la ausencia de un contenido literario. Si por lo menos una de las compañías teatrales que se dedican a él lograra sobresalir con algo más allá que hacer mofas y chistes de adulterios, penes y tetas, es posible que otras, por la conocida ley de la competencia, procuren elevar su nivel.
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Hace apenas unos meses contamos aquí que queríamos ir con nuestros hijos adolescentes a ver alguna obra pero a juzgar por el nombre de las que estaban en cartelera, mejor no lo hicimos. Para ver chotas chabacanas que no edifican culturalmente nada, están algunos turnos y programas de la televisión nacional. Sale más barato y no nos tachan el carro.
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Precisamente el hecho de que Gustavo Rojas no esté ahogado en el mar del teatro nacional es lo que lo hace esperanzador, pues tiene una visión y una cultura más allá. Puede, por tanto, hacer una propuesta diferente o mejor dicho, que se salga de ahí. Lejos de ser su pecado, más bien es su virtud.
periódico La Prensa Libre 13 agosto 2008.

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