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RESONOCO

18/09/2008 GMT 1

Saber asumir las consecuencias

marfuerte @ 00:52

Juan Rafael Quesada C.

Historiador

Cuando se le debe mucho a la educación pública, hay que ser agradecido. Esto implica que, una vez que se haya obtenido una profesión, no se piense solo en el beneficio personal, sino que también se asuma un compromiso real con el bienestar general del país. Igualmente, significa adoptar una actitud de crítica y autocrítica constructivas respecto a la universidad que nos forjó, cuando esto sea preciso.

Ser agradecido exige, también, reaccionar cuando se hacen generalizaciones o se emiten criterios vagos que puedan dañar la integridad de una institución pública que ha sido verdadera “madre nutricia” para muchas generaciones.

Dolor y asombro. Por eso nos ha causado dolor y asombro el que en este mismo periódico se dijera de manera imprecisa que un sector de la “izquierda costarricense” presenta a Francisco Morazán “como un enemigo del imperialismo y del subdesarrollo”.

Esta afirmación, que solo podría interesar a un reducido sector de la población, adquirió otra dimensión al agregarse que esa nueva valoración del caudillo hondureño establecía un puente con “el proyecto bolivariano del presidente Hugo Chávez”.

En efecto, pocos días después, un destacado columnista de este matutino afirmó que Chávez –ese personaje que ahora ocupa para algunos el papel que antes desempeñaban, por ejemplo, los “chinos rojos” de Pekín– “influye en algunos de nuestros historiadores a punto de tergiversar la historia patria”.

Es obvio que las vaguedades mencionadas dieron pie para que se pusiera en entredicho el prestigio justamente ganado por las universidades públicas, formadoras de la casi totalidad de los historiadores costarricenses. Por ello, esperábamos, tal vez ingenuamente, que la cuestión fundamental expresada en un artículo de nuestra autoría fuera contestada con hidalguía y claridad, o sea, para decirlo a lo tico, que se precisara con pelos y señas quiénes integran esa “izquierda costarricense” que liga a Morazán –personaje histórico– con el temible Hugo Chávez –proyecto político del presente–.

En lugar de eso, nuestro comentario provocó que se buscara descalificarnos en lo personal y profesional, con base en nimiedades o referencias fuera de contexto. Ante ese comportamiento somos enfáticos al sostener que no responderemos a quienes, en vez de asumir las consecuencias de sus palabras, se dedican a lanzar cortinas de humo, semejantes a la de los repartidores y beneficiarios de la piñata de las asesorías palaciegas. No nos dejaremos llevar a una discusión de dimes y diretes, a una búsqueda con lupa de pelos en la sopa, que, dicho sea de paso, se encuentra en todas partes. No descenderemos, para decirlo en términos futbolísticos, a una gresca de canchas abiertas.

Preguntas. Continuaremos con lo que hemos hecho hasta el momento, esto es, preguntar a quienes hacen investigaciones de carácter histórico, o son docentes de las escuelas de Historia de las universidades públicas, cuál es ese sector de la izquierda costarricense que establece una relación entre Morazán y Chávez. ¿Son, como se dijo después del referendo, con propósitos claramente denigratorios, los “burgueses” opositores al TLC? ¿Son historiadores de profesión o de vocación? ¿Son sindicalistas? ¿Son estudiantes? ¿Son profesores de la UCR o de la UNA o de la UNED?

Estamos seguros de que, al igual que nosotros, habrá lectores interesados en que se den respuestas a esas interrogantes, aunque para ello sea necesario esperar pacientemente. En realidad, la mayoría de los ticos se ha visto obligada a cultivar la paciencia, pues durante mucho tiempo ha confiado en que se ejecute el “plan vial”, en que Costa Rica se convierta en país desarrollado, en que los peces gordos también vayan a la cárcel, o en que se concluya la Costanera; o, más recientemente, en que un Hyundai se transmute en un BMW, o al menos en que las autoridades pertinentes tomen conciencia de la necesidad de cambiar las luces de señalización del Aeropuerto Juan Santa María. ¿Verdad que vale la pena esperar a que se aclaren otros asuntos?
periódico La Nación 14 agosto 2008

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