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RESONOCO

26/09/2008 GMT 1

Morazán reinventado

marfuerte @ 02:44

Preterido El político y militar hondureño no fue siempre héroe de la izquierda de Costa Rica
Iván Molina Jiménez | ivanm@cariari.ucr.ac.cr
En los últimos años, la figura de Francisco Morazán (1792-1842) ha empezado a ser revalorada por algunos sectores de la izquierda costarricense, para los cuales el general hondureño es un prototipo del patriota centroamericano. De acuerdo con esta interpretación, Morazán, el infatigable luchador por la unión de Centroamérica, fue un enemigo del impe-rialismo y del subdesarrollo, un defensor de la democracia y de las libertades ciudadanas y un promotor de la educación popular. Debido a lo anterior, fue asesinado por la oligarquía cafetalera que dominaba Costa Rica.

Tal enfoque de la experiencia de Morazán llama la atención porque supone una ruptura con lo que fue la interpretación original de la izquierda costarricense. En junio de 1942, semanas antes de conmemorarse el centenario del fusilamiento del caudillo hondureño en San José (15 de septiembre), el periódico Trabajo , órgano del Partido Comunista de Costa Rica, expresó:

“Sobre el movimiento morazánico comenzaremos por decir, que estuvo fuera de su época. Es decir, que para cuajar, era preciso que la idea unionista, antes que en el cerebro más o menos genial de Morazán, se arraigase en las realidades materiales de su realización. La Centro América de 1842 estaba dividida, aislada por la naturaleza. Cualquier unificación, y muy particularmente la nuestra, con el resto de las repúblicas hermanas, resultaba artificial”.

La argumentación de los comunistas acerca de los factores estructurales adversos a la unión del istmo, en particular la ausencia de bases económicas, seguía estrechamente el análisis publicado en 1939 por Rodrigo Facio sobre las causas del fracaso de la Federación Centroamericana.

De seguido, destacaron que los sectores populares costarricenses no tenían razones para identificarse con el proyecto de Morazán: “Ningún interés material tenían los campesinos costarricenses en 1842 para ir a derramar su sangre en una guerra unionista”.

Por último, señalaron: “Respecto a las opiniones de don Ricardo [Jiménez] sobre el problema de la unidad centroamericana vale decir que él tiene razón cuando afirma que Costa Rica lo único que hubiera conseguido con la unidad habría sido la pérdida de su libertad y en general de sus conquistas políticas, amén de su paz, todas las cuales hubieran naufragado bajo el peso de las satrapías que aun sufren las hermanas repúblicas de allende el San Juan”.

Sublevación. En agosto de 1942, los comunistas reprodujeron en el periódico Trabajo las conclusiones a las que llegó la Sociedad de Geografía e Historia sobre las razones por las cuales fue fusilado Morazán. Según este documento, preparado por Ricardo Fernández Guardia y Rubén Iglesias, una vez que Morazán fue electo jefe supremo del Estado de Costa Rica (julio de 1842), intensificó la presión para obtener dinero y soldados con los que emprender –militarmente– su proyecto unionista.

Al enfrentar la oposición a ese proyecto con medidas cada vez más represivas, el régimen de Morazán fomentó un descontento creciente, que estalló el 11 de septiembre de 1842, cuando los sectores populares de San José se levantaron en armas contra el caudillo hondureño.

De acuerdo con la versión de Fernández Guardia e Iglesias, “la plebe sublevada, al sentirse victoriosa, se desenfrenó, apoderándose de ella una cólera terrible ante el espectáculo de los montones de cadáveres de sus hermanos que cubrían las calles de San José”. Incapaz de ser contenida por sus caudillos, esta plebe exigió que Morazán y su general, [Vicente] Villaseñor, fueran ejecutados, “con dolor de los que en tan terribles circunstancias no habían perdido el juicio [las elites]”.

El interés principal de Fernández Guardia e Iglesias era demostrar que Morazán no fue fusilado por unionista, sino por los excesos en los que incurrió su régimen; pero dichos autores también perseguían un segundo objetivo de igual importancia. Este consistía en evidenciar que la muerte del general hondureño fue responsabilidad de los sectores populares costarricenses, no de la llamada oligarquía cafetalera, un tema enfatizado por algunos liberales costarricenses ya desde finales del siglo XIX. Tal fue, pues, la versión que los comunistas difundieron en las páginas de su periódico.

Un año después, en 1943, la versión anteriormente expuesta sería ampliada, al publicar Fernández Guardia su libro Morazán en Costa Rica . Uno de los aspectos más interesantes de esta crónica es que, según lo expuesto por Fernández Guardia, las elites de San José y Alajuela fueron las que iniciaron y dirigieron la revuelta contra Morazán; pero luego, por razones que no quedan claras, perdieron el control sobre los sectores populares, de lo que resultó el fusilamiento de Morazán y Villaseñor.

Testigo. Sin embargo, esa interpretación de Fernández Guardia puede ser puesta en duda con base en una interesantísima carta de Francisco de Paula Gutiérrez publicada en El Redactor Oficial de Honduras el 30 de diciembre de 1842. Dicha epístola expresa:

“El domingo 11 de Septiembre, resuenan por todas partes los vivas á la santa libertad, nuestro padre San José, Nuestra Señora de los Ángeles… La fuerza de los pueblos no sería fácil atinar; pero podré deducir con seguridad que entre armados de palos, machetes, fusiles y piedras, (incluso) mujeres, pasaba el número de 5,000. Los oficiales muy pocos y casi no fueron necesarios… Tres ó cuatro días después de enterrados [Morazán y Villaseñor] fueron algunas del pueblo á exhumar los cadáveres, dudando que Morazán efectivamente hubiera muerto, y por la corrupción en que lo encontraron se acabaron sus dudas. De suerte que en la sentencia no hubo más que el pueblo era juez, cuerpo del delito, acusador, testigo y ejecutor”.

En la descripción de Gutiérrez, la caída de Morazán se presenta como producto de una sublevación popular, en la cual las elites tuvieron una participación muy limitada. De esta manera, la clara intención de Fernández Guardia e Iglesias de responsabilizar a los sectores populares del fusilamiento del caudillo hondureño y de Villaseñor parece corresponder básicamente con el curso de los acontecimientos.

Ciertamente falta investigar a fondo el proceso por el cual Morazán pasó de ser enaltecido por los liberales centroamericanos del siglo XIX (en particular por el guatemalteco Lorenzo Montúfar) a ser recuperado por la izquierda latinoamericana en el siglo XX.

Cabe recordar que el gran poeta comunista chileno Pablo Neruda le dedicó pasajes en su célebre Canto general . Sin embargo, todo parece indicar que la reciente cotización del caudillo hondureño entre parte de la izquierda costarricense ha estado asociada en lo fundamental con el proyecto bolivariano del presidente venezolano Hugo Chávez.

En su afán por construir un pasado heroico de lucha contra el imperialismo, que pueda asociarse con ese proyecto, un sector de la izquierda latinoamericana se apropió de una figura de Morazán que ha sido claramente deshistorizada. Al sumarse a ese esfuerzo, una parte de la izquierda costarricense ha demostrado una falta de conocimiento histórico y de sentido crítico del que sí disponían sus predecesores de la década de 1940.

EL AUTOR ES HISTORIADOR Y MIEMBRO DEL CENTRO DE INVESTIGACIÓN EN IDENTIDAD Y CULTURA LATINOAMERICANAS DE LA UCR.

Suplemento Áncora. Periódico La Nación 20 julio 2008.

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