Columna ESAS COSAS RARAS
María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
En junio del año pasado, el Gobierno de Óscar Arias nos sorprendió al anunciar el rompimiento de las relaciones diplomáticas con Taiwán, para establecerlas con la República Popular China, tras 60 años de distanciamiento.
Desde entonces se sabía que el giro de la política exterior costarricense hacia China estaba mediado por grandes intereses económicos del Gobierno, inconforme con las donaciones de Taiwán en el país, a cambio de lealtad.
Un tratado comercial con una nación de 1.300 millones de habitantes podría
generarle al país sumos ingresos no solo por lo que logre exportarle a China, sino por las inversiones que ésta nación haría en el país.
Viéndolo de esta forma, negocios son negocios, pese a la traición que sufrió Taiwán de un país “garante” de los derechos humanos. Trazo vergonzoso en la historia costarricense.
Empero, la alianza con China, ha puesto en duda las buenas intenciones de un Gobierno que a ratos pareciera jugar con la institucionalidad del país. No en vano Óscar Arias logró que la Sala Constitucional le permitiera reelegirse presidente de la República.
Desde el establecimiento de esa relación diplomática se conoció que el Gobierno de Arias había vendido bonos de deuda pública a China, que beneficiaria la inversión de esta administración en obras para impulsar el desarrollo del país, en áreas como vivienda, infraestructura y tecnología.
Sin embargo, el Gobierno se negó a dar información sobre cómo se inició ese proceso, cómo se tramitó la venta de éstos bonos y si habían intermediarios o terceras personas.
Pero como en este país hay nueve volcanes activos, aunque muchos otros dormidos, el tema no quedó ahí. Y de nuevo la relación de Costa Rica con China se pone en entre dicho.
Resulta que el Banco de Nueva York, custodio de los dineros de China, eligió al banco BTC como el subcustodio de los bonos, es decir de $150 millones, la mitad del compromiso, que suma 300 millones de dólares.
El BTC gana una comisión de miles de dólares por ser designado subcustodio de la operación financiera de China, pero, lo extraño de todo este ajedrez, es que precisamente el embajador de Costa Rica en ese país asiático, Antonio Burgues Terán, es miembro de la junta directiva del BCT,
secretario, para ser específica, según consta en los datos suministrados por la Superintencia de Entidades Financieras al mes de agosto.
¿Usted cree que haya coincidencia en la escogencia del BCT para custodiar estos $150 millones? ¿Usted cree que el “secreto bancario” al que se apega el Gobierno se deba simplemente a una petición de China para no revelar el cómo se tramitó esa venta de bonos?.
¿Está Antonio Burgues representando fehacientemente los intereses de Costa Rica en China, o también representa a los otros, los que buscan un pez gordo?.
Sinceramente, cuántas dudas más sobre la transparencia de esta administración llagaré a tener. Y mientras tanto, las verdaderas necesidades de los costarricenses siguen sin atenderse.
periódico La Prensa Libre 5 setiembre 2008.

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