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RESONOCO

30/09/2008 GMT 1

La Biblia: Palabra de Dios en la historia humana (3)

marfuerte @ 03:26

setenta (En las Biblias se utiliza el número LXX, como abreviatura para textos provenientes de esta versión)
El periodo intertestamentario.
Referiremos en este momento a lo que se denomina: periodo intertestamentario. Este es el periodo transcurrido entre la escritura del último libro del Antiguo Testamento y los escritos más antiguos del Nuevo.
En este momento Israel vive de la promesa hecha a abrahán, concretada en la alianza mosaica y bajo el reinado de David. Esta promesa es recordada constantemente por los profetas. Desde el exilio y con la desaparición de la monarquía, y tiene como centro, la espera del Mesías. Los que conservaban viva la esperanza imaginaban su reinado en términos políticos – terrenales: conquista y dominación de quienes habían oprimido a Israel.
Junto a esta visión, estaba otra, llamada “corriente apocalíptica”. De ésta surgen escritos (Por eso más adelante veremos el Apocalipsis como género literario) que reflejan la crisis que se vive y buscan infundir esperanza en un tiempo en el que solo se observa el dominio del mal y hasta el martirio a los creyentes. Estos textos son difíciles de entender y son altamente simbólicos.
El Nuevo Testamento.
El Nuevo Testamento es una novedosa alianza, trasmitida por los profetas y sellada con la sangre de Jesucristo: “Mirad que llegan días – oráculo del Señor- en que haré una alianza nueva con Israel y con Judá: no será como la alianza que hice con sus padres cuando los agarré de la mano para sacarlos de Egipto; la alianza que ellos quebrantaron y yo mantuve – oráculo del Señor - ; así será la alianza que haré con Israel en aquel tiempo futuro – oráculo del Señor -: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en su corazón, yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo; ya no tendrán que enseñarse unos a otros, mutuamente, diciendo: “Tienes que conocer al Señor”, porque todos, grandes y pequeños me conocerán – oráculo del Señor - , pues yo perdono sus culpas y olvido sus pecados” (Jeremías 31: 31 – 34).
Veamos como la alianza es sellada por la sangre de Jesús: “Bebed todos de ella, porque ésta es mi sangre de la alianza, que se derrama por todos para el perdón de los pecados” (Mateo 26: 28).
El Nuevo Testamento muestra por escrito la fe de la comunidad apostólica en Jesucristo. Jesús nace en tiempo de Herodes, se dedica a predicar y hacer manifiesto el Reinado de Dios (Marcos 1: 14 – 15) Esta actividad de Jesús, le lleva a denunciar la crisis político – religiosa de Israel. Por ello, muere crucificado en tiempos de Poncio Pilato, gobernador romano de Judea; la plenitud de la manifestación de Dios en Jesús, se da, al resucitarlo de la muerte.
Jesús resucitado se presentó a aquellos que él escogió como sus testigos, para anunciar el Reinado de Dios al mundo entero: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar” (Marcos 3: 14)
Los textos del Nuevo Testamento muestran la dinámica de crecimiento, luchas y obstáculos de las comunidades de creyentes en Jesús. Para éstas, el señorío del Nazareno, se concreta en su muerte y resurrección y ambas relacionadas con su opción de vida, como anunciador y signo del Reino de Dios.
Los seguidores de Jesús predican a judíos y posteriormente a los paganos, a Jesús resucitado, esto se los había dicho el mismo Jesús: “pero cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes, recibirán poder y saldrán a dar testimonio de mí, en Jerusalén, en toda la región de Judea y de Samaria, y hasta en las partes más lejanas de la tierra” (Hechos 1: 8) La fuerza de su predicación, fue su propia experiencia: “Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca de la Palabra de vida” (1 Juan 1: 1) Los discípulos celebran al resucitado en la reflexión de su enseñanza y en la fracción del pan.
En su enseñanza a los nuevos miembros de las comunidades (Los bautizados), se van recogiendo los hechos y palabras de Jesús. Este es el tiempo en que las misiones de Pablo expanden la fe. Entre el 51 y 63, este apóstol escribe cartas a varias comunidades.
A esta altura de nuestra exposición, es justo y necesario reflexionar, cuando menos, someramente de un teólogo judío que se convirtió al cristianismo: Pablo: contrario, a los pescadores que primero siguieron a Jesús (Por ejemplo, Pedro o Juan) es un teólogo de una amplísima cultura. Pablo es un rabino. Ha pasado su juventud estudiando las Escrituras con el maestro Gamaliel (Que es como decir, que fue estudiante de una de las mejores universidades de teología de su tiempo)
Pablo vive su propio camino de conversión (Camino a Damasco es tomado por Jesucristo) y ahí le cambia la vida: el teólogo judío se transforma en teólogo cristiano.
Por 15 años, entre los años 36 al 50, este hombre predica y funda comunidades de fe (Sirva como ejemplo este texto: “En Iconio ocurrió lo mismo. Pablo y Bernabé entraron en la sinagoga de los judíos y hablaron de tal manera que un gran número de judíos y griegos abrazaron la fe” Hechos 14: 1)
En los últimos 15 años escribe cartas a las comunidades que fundó. Dichas cartas son frecuentemente tratados de teología. Las cartas tienen diversos objetivos: una mayor instrucción, animar a seguir en la fe o la corrección de desviaciones (Ejemplo de este último caso 1 Corintios) Es indudable que la teología Paulina ayuda en la reconstrucción de los recuerdos sobre la vida de Jesús.
En esta etapa se comienza a dar la separación entre judaísmo y cristianismo. En el año 70 d.C., los romanos destruyen Jerusalén. Algunos fariseos se reúnen en Yamnia, al sur de Tel – Aviv, para dar nueva vida a la fe judía.
La redacción de los textos del Nuevo Testamento se da entre el 49 y el 95 d. C. después de algunas cartas de Pablo, que fueron los primeros textos del Nuevo Testamento, cuatro teólogos creyentes en Jesús, conjuntan las tradiciones que ya se habían redactado. Estos cuatro teólogos son: Marcos, Lucas, Mateo y Juan.
Los cuatro evangelios buscan responder una pregunta: ¿Quién es el Señor?
Marcos hacia el año 70, une la predicación de Pedro en Roma. El mensaje de su evangelio es que Jesús es el Ungido (El Cristo), el Hijo de Dios. Conforme a esta narración, la prueba del mesianismo de Jesús, son sus hechos y sus milagros.
El proceso de esta revelación es evolutivo, hay una doble dimensión de Jesús: la humana y la divina. Jesús se revela progresivamente como Ungido. La dinámica es la siguiente: se va del “hijo de María” (Marcos 6: 3), pasando al Mesías Hijo de David (Marcos 8: 29), hasta llegar al Hijo de Dios (Marcos 15: 39)
Lucas redacta su evangelio entre los años 80 y 90, éste estaba dirigido a comunidades de paganos cristianos. Dios visita a su pueblo (Judíos y paganos) por medio de Jesús, y viene a mostrarles su amor.
Este amor se muestra en las parábolas de misericordia, la alegría de la salvación recorre el cielo y la tierra (Lucas 15: 7 y 10), el regreso del hijo pródigo se celebra con inmensa alegría (Lucas 15: 22 – 24)
El libro de los Hechos de los Apóstoles también fue escrito por Lucas, donde se refleja la predicación infundida por el Espíritu Santo, así como los problemas e inconvenientes que enfrentan las nacientes iglesias.
Mateo, compone su evangelio entre los años 80 y 90. la comunidad a la que se dirige ese escrito, es una comunidad de judíos convertidos al cristianismo. La lucha de Jesús con los fariseos en este evangelio, es la lucha de la comunidad Mateana con los judíos de Yamnia. Adicionalmente, esta tradición se preocupa por mostrar el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento en Jesús.
Es de resaltar que tanto Mateo como Lucas en su esfuerzo por alcanzar con lo finito de la mente lo infinito de Dios, redactan los relatos de la infancia de Jesús, mostrándola con los “lentes” de su vida y su resurrección.
Juan es un evangelio que reflexiona en Jesús como verbo de Dios y que viene a salvar. Este es el evangelio teológicamente más profundo (No en balde se le llama “evangelio espiritual”). Se plantea que fue redactado entre los años 95 y 100. la imagen de Jesús es la del crucificado – resucitado que da su Espíritu a los creyentes. En esta línea es que Jesús realiza signos que permiten, que viendo podamos creer. En la línea de esta misma tradición, se escribe el Apocalipsis, que es el último texto del Nuevo Testamento y de las Escrituras Judeo – Cristianas. En este libro, Jesús se muestra como la plenitud al final de la historia.
Mateo, Marcos, Lucas y Juan escriben sus textos en un género literario llamado “evangelio”. Esta palabra significa “buena nueva”. Este término tenía una connotación política. Se llamaba evangelio al anuncio de una victoria imperial o algún suceso importante en la vida del emperador.
Al comienzo, se entendía por evangelio, (así, en singular), el mensaje de Jesús: el Reino de Dios. Este es el sentido en el que por ejemplo, lo usa Pablo en sus cartas. Será con Marcos, a quien debemos la creación de este género literario, el evangelio pasa a ser un texto, una historia: la vida pública de Jesús.
He aquí una importante conclusión: primero, era Jesús quien anunciaba la buena noticia, posteriormente, los apóstoles son los que proclaman a Jesús: el predicador se transforma en el predicado. Jesús que proclamaba la buena noticia, se convierte en la buena noticia.
Es bueno observar que Marcos no habla de Jesús como una personalidad fallecida, Marcos habla de Jesús como alguien vivo, esta es su convicción teológica: Jesús está vivo en su comunidad, sobre todo, en la celebración de la “fracción del pan”. El hombre que actuó en la historia (El Jesús histórico), sigue vivo en la palabra escrita y predicada (El Cristo de la fe). En esta persona viva tiene fe la comunidad: la comunidad de fe cree en Jesucristo.
Súmese a la redacción de los evangelios las cartas escritas por Juan, Judas, Pedro, Santiago y otros discípulos a las múltiples comunidades cristianas. Los receptores de estas cartas son grupos más amplios. Veamos este ejemplo: “Pedro, apóstol de Cristo Jesús, a los elegidos que viven fuera de su patria, dispersos por el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia” (1 Pedro 1: 1)
En estas cartas se observan las dificultades de los cristianos en medio de la hostilidad pagana. A estos textos debe sumarse la llamada carta a los Hebreos, que más que carta, es un sermón de exhortación que invita a la fidelidad a Jesucristo en medio de una situación de crisis.
Finalmente, cierra el Nuevo Testamento y la Biblia, el Apocalipsis, en el que se anuncia el triunfo último del Señor. Este triunfo se simboliza por las bodas del Cordero: “Hagámosle fiesta alegre dándole gloria porque ha llegado la boda del Cordero, y la novia está preparada” (Apocalipsis 19: 7) En el Apocalipsis se proclama con gozo: “Me dijo: escribe: Dichosos los convidados a las bodas del Cordero y añadió: Son palabras auténticas de Dios” (Apocalipsis 19: 9)
Las palabras finales son un canto matrimonial, la esposa del Cordero (La Iglesia) dice: “¡Ven!” y Jesús le responde: “Sí, vengo pronto” (Apocalipsis capítulo 22, versos 17 y 20)
El Nuevo Testamento fue escrito totalmente en griego, en el conocido griego común (koiné) y que es diferente al griego clásico. Además, hay otras traducciones de la Biblia completa, como la versión Latina, denominada la “Vulgata” traducida por San Jerónimo, de la que ya hemos hablado más arriba.
En lo que refiere al Nuevo Testamento, debe tenerse claro, que la conciencia de Jesús como Ungido e Hijo de Dios se dio gracias a la resurrección, ya que mientras sus seguidores estuvieron con él, no llegaron a comprender ni su persona ni su mensaje (Marcos 8: 14 – 21)
Después de la resurrección, los seguidores del Nazareno, tuvieron que reconstruir sus recuerdos de lo que vivieron con él. Es claro que en esta reconstrucción fueron guiados por el Espíritu Santo, ya que: “Cuando venga el Espíritu de la verdad, el los guiará a toda verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que dirá todo lo que oiga, y les hará saber las cosas que van a suceder” (Juan 16: 13) Esto se cumplió en Pentecostés cuando la comunidad de fe conjuntada en oración recibió al Espíritu Santo (Hechos 2: 1 – 4)
La reconstrucción de estos eventos varía, dependiendo de la comunidad que en ésta participa, de los temas que reflexionan y hasta el tiempo transcurrido entre los hechos y enseñanzas de Jesús y la redacción de los evangelios. Es por ello que no hay un solo evangelio sino cuatro (Poseemos las palabras y los hechos de Jesús interpretados por verdaderos testigos). Además, es por esta misma razón, que no se pueden reunir los contenidos de los 4 libros en una sola redacción.
Inclusive, puede decirse que las comunidades de fe cristianas van construyendo su propio evangelio conforme van profundizando su relación con Jesucristo resucitado. Esto último es posible porque los evangelios nos permiten conocer a Jesús con profundidad.
Las imágenes de Jesús que van construyendo las distintas comunidades se basan en tres actividades: la predicación, la celebración y la enseñanza. Expondremos algunos detalles de éstas:
- La Predicación: Se proclama la fe en el resucitado. Esta fe tiene un mensaje central: “A ese Jesús que ustedes crucificaron Dios lo ha resucitado, lo ha exaltado, lo ha hecho Señor; y nosotros somos testigos de estos eventos. Él nos envía su Espíritu, crean en esta buena noticia y se salvarán”.
Asimismo, se colectan las bienaventuranzas con las que Jesús anunció el Reino de Dios y que, confirman, que Jesús tiene una experiencia de Dios basada en una clave de liberación, a esto haremos referencia cuando expongamos las diversas claves para leer la Escritura.
Los milagros de Jesús se cuentan para mostrar su señorío sobre el mal, la enfermedad, la muerte y el sufrimiento.
Del mismo modo, se recogen las parábolas, que son enseñanzas en forma de historias, en ellas se habla del gozo que Jesús nos trae y la necesidad de acogerlo.
- La celebración: Esto es lo que el Nuevo Testamento llama “la fracción del pan”. En ella se actualiza y se da sentido a la muerte de Jesús, de hecho es una repetición de lo que en las comunidades creyentes se conoce como “la última cena”. Mientras los primeros seguidores de Jesús vivían, estas celebraciones se aprovechaban para recordar y reconstruir los recuerdos. No es descabellado imaginar como Pedro o Juan contarían sus vivencias junto a Jesucristo.
A partir de la segunda generación de cristianos, fue necesario explicar el significado de la “fracción del pan”. De ahí es probable que haya surgido un primer relato de “La Pasión, muerte y resurrección de Jesús”. Es de destacar que este tipo de narraciones, se hacen en la conciencia de que Jesús está vivo.
En la “fracción del pan”, Jesús se hace presente para su comunidad. Los seguidores de Jesús narran su muerte, estando Jesús vivo entre ellos.

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