La Biblia palabra de Dios en la historia humana (4)
Estos relatos como todos los demás se miran con los “lentes” de la resurrección.
- La enseñanza: Quienes se unen a las comunidades de fe (Los bautizados) deben prepararse para seguir a Jesús, para relacionarse en la comunidad de fe, y ser cristiano en la cotidianidad. Para ello, debe contestarse a una pregunta básica: ¿Y Jesús que haría?
Para responder a esta interrogante, se reúnen las parábolas y se adaptan a las circunstancias que viven las comunidades de fe.
Se reflexiona en los milagros para extraer enseñanzas.
Desde la óptica de la fe cristiana, la Biblia es un instrumento para buscar a Jesús. La Biblia es palabra de Dios que trasmite la vida, la Biblia es palabra de Dios en la historia humana. Dios nos habla de sí mismo por medio de aquellos que lo experimentaron, aquellos que fueron sus testigos: “Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas, ahora en este momento final nos ha hablado por medio del Hijo…” (Hebreos 1: 1 - 2)
Entonces… ¿Cuánto tiempo se tardó redactar la Biblia?
La composición total de la Biblia conllevó varios siglos. En muchas ocasiones muchos de los textos que hoy tenemos por escrito, primero tuvieron vida de forma oral. Muchas veces en la redacción de un texto participaron muchas personas y comunidades. Asimismo, no es extraño que en la Biblia se citen textos extrabíblicos: “Así se dice en el libro de las batallas del Señor: Waheb en Sufá y los afluentes de Arnón” (Números 21: 14)
El valor de la Biblia para el Cristianismo.
De nuevo, vale la pena repetir que tanto para Israel como para las comunidades de fe cristianas, el principal valor de la Biblia, es de índole religiosa. Por ejemplo, la Ley es un mandato de Dios: “Entonces Dios pronunció estas palabras…” (Éxodo 20: 1)
Los profetas tenían claro que pronunciaban mensajes de Dios, sírvanos como ejemplo estas palabras de Isaías: “El año de la muerte del rey Uzías, ví al Señor excelso y sublime, sentado en un trono; las orlas de su manto llenaban el templo” (Isaías 6: 1). La misma sabiduría tiene su base en Dios: “El Señor me creó al comienzo de sus obras, antes que comenzara a crearlo todo” (Proverbios 8: 22)
Ya hemos hecho referencia al término de Sagradas Escrituras, pero también debe tenerse presente que el valor del texto bíblico fue dado por Jesús y los autores del Nuevo Testamento. Dios habla por los profetas o por los libros bíblicos: “Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que Dios había dicho por medio del profeta Isaías” (Mateo 1: 22)
Los profetas son aquellos por los cuales se anuncia algo, estos hablan en nombre de Dios. Los profetas han sido enseñados en el plan de Dios: “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que se revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3: 7)
Los profetas encuentran a Dios en su vocación y su vida. En la vocación se experimenta a Dios y conforme a esta experiencia, tanto los hechos políticos como la cotidianidad permiten descubrir la palabra de Dios. Dios es quien se sirve del profeta para expresarse o hablar: “Así se cumplió lo escrito por el profeta Jeremías” (Mateo 2: 17)
Para el Cristianismo la autoridad de la Biblia no tiene discusión: “No penséis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido a abolir , sino a dar cumplimiento. Os lo aseguro: mientras duren el cielo y la tierra, no dejará de estar vigente ni una i ni una tilde de la ley sin que todo se cumpla” (Mateo 5: 17 – 18)
La Biblia está relacionada con el Espíritu Santo: “Hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura, pues el Espíritu Santo había anunciado por boca de David el gesto de Judas; este hombre, que guió a los que prendieron a Jesús” (Hechos 1: 16)
El valor que da el cristianismo a la Biblia, en cuanto a su inicio y peso doctrinal, independientemente de la óptica de ésta, puede notarse en 2 Timoteo 3: 15 – 17: “Además, desde tu niñez conoces las Sagradas Escrituras. Ellas te darán la sabiduría que llevan a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús. Toda Escritura está inspirada por Dios y es útil para enseñar, rebatir, corregir y guiar en el bien. Así el hombre de Dios se hace un experto y queda preparado para todo trabajo bueno”.
En el caso de las comunidades de fe, uno de los momentos más importantes fue el reconocimiento de los escritos que conocemos como Nuevo Testamento como palabra sagrada, con el mismo valor de las Escrituras que conocemos como Antiguo Testamento: “ Por eso también nosotros damos gracias incesantes a Dios, porque cuando nos escuchasteis la palabra de Dios, la acogisteis, no como palabra humana, sino como realmente es, palabra de Dios, activa en vosotros” (1 Tesalonicenses 2: 13). Será durante el siglo II d. C., cuando los cristianos vayan aceptando la sacralidad y el peso religioso de los textos que hoy componen el Nuevo Testamento.
En esta línea, no debe perderse de vista, que si bien es cierto todos los libros bíblicos están inspirados por el Espíritu de Dios, sus autores son seres humanos: “Me dediqué a investigar y a explorar con sabiduría todo lo que se hace bajo el cielo. Una dura tarea ha dado Dios a los hombres para que se dediquen a ella” (Eclesiastés 1: 13) Por tal razón, en la Biblia se encuentran diversos géneros literarios, estilos, idiomas, marcos culturales y hasta teológicos.
De lo dicho hasta aquí, se deduce una diferencia sustancial entre la Biblia y otros libros, su doble origen: el divino (la inspiración de Dios) y el humano (la autoría humana) muchos autores escribieron la Biblia. Algunos se conocen, otros no, algunos son de autoría individual y otros de forma colectiva. Inclusive, algunos son hasta compilaciones.
Por cerca de 18 siglos, desde Abraham hasta Jesús . Israel va percibiendo la presencia de Dios a su lado. Esa extensa experiencia es la que queda vertida en las Sagradas Escrituras.
Uno de los elementos sustanciales de la relación cristianismo – Biblia, tiene que ver con que, el Antiguo Testamento nos señala la llegada de Jesús y el Nuevo Testamento, nos presenta la revelación plena de Dios, que alcanzará su punto máximo con el retorno de Jesús a la tierra: “Pues Dios quiso reunir en él, cuando llegara la plenitud de los tiempos, tanto a los seres celestiales como a los terrenales” (Efesios 1: 10)
Quienes siguen su senda espiritual con la Escritura como espada y la mirada puesta en Jesús, caminan hacia la resurrección. Este es el objetivo del andar espiritual. Para alcanzar el mensaje bíblico, debemos aproximarnos a la misma experiencia del pueblo donde se escribieron.
Claves para la lectura Bíblica.
Hemos dicho, y es el título de este artículo: La Biblia, palabra de Dios en la historia humana, y siendo que es palabra de Dios, debemos saber leerla, de seguido, abordaremos algunas claves para ello, teniendo claro que éstas son básicas y no cubren totalmente la profundidad bíblica.
Lectura en clave cristiana: Lo primero es tener claro que en Jesucristo se cumple la plenitud de la revelación, esto, por cuanto tanto Antiguo como Nuevo Testamentos, refieren a él. Por tal razón, el Antiguo Testamento debe comprenderse desde la óptica del Nuevo. Y claro está, sin la comprensión del Antiguo, no podrá entenderse el Nuevo. He aquí otra conclusión importante: el Antiguo y el Nuevo Testamento se retroalimentan.
Esta clave puede resumirse en la frase de San Jerónimo: “Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo”, lo que es lo mismo decir: “Conocer las Escrituras es conocer a Cristo”.
La lectura de la Biblia debe descubrirnos a Cristo, toda la Biblia refiere a Cristo. La Biblia no nos revela algo, nos revela a alguien: Jesucristo.
Lectura en clave sacramental: En la Biblia nos encontramos con Dios. El culto cristiano no tiene razón de ser si no viene aparejado a la Escritura, ésta nos da el pan de vida. La Palabra de Dios ilumina nuestra mente y nuestro camino.
Lectura en clave de justicia: Volvemos aquí al papel de los profetas. Éstos proclamaban la justicia y el derecho como fundamento de convivencia social. de ahí sus críticas al formalismo religioso y a la inmoralidad colectiva. Los profetas defienden los derechos humanos. Este razonamiento tiene base en el hecho de que solo es posible el ejercicio de estos derechos en un marco de justicia.
El Dios de la Biblia es el Dios de la justicia: “En sus días se salvará Judá, e Israel vivirá su seguridad. Y este será el nombre con que le llamarán: “El Señor nuestra justicia”” (Jeremías 23: 6. versión de la Biblia para el pueblo de Dios) La intervención de Dios en la historia tiene como objetivo el alcanzar la justicia: “Alabaré tus promesas. Pues todos tus mandamientos son justos” (Salmo 119: 172)
En principio, el proyecto socio – político de Israel debía servir de modelo para la humanidad entera, como comunidad hermanada donde no existieran las clases sociales (Uno de los principales mensajes del Deuteronomio es: “Que no haya pobres entre ustedes”), con base en el amor y la justicia.
La realidad fue otra: Israel fue un espacio de injusticia, violación constante de los derechos de las personas y corrupción del gobierno. De ahí el surgimiento de opresores y oprimidos, los opresores del justo, los explotadores de soborno, que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias: “Así ha dicho Jehová: por tres pecados de Israel, y por el cuarto, no revocaré su castigo; porque vendieron por dinero al justo, y al pobre por un par de zapatos.” (Amós 2: 6)
El ambiente de Israel está saturado de de confiscaciones, muertes, rapiñas y violencias: “Yo el Señor digo: ¡Basta ya, gobernantes de Israel! ¡No más violencia ni explotación! ¡Actúen con justicia y rectitud! ¡Dejen de robarle tierras a mi pueblo! Yo, el Señor, lo ordeno” (Ezequiel 45: 9)
La crisis de Israel y los problemas que sufre son efecto de la injusticia, de la injusticia social. en este marco las oraciones de los injustos no son escuchadas por el Dios de la justicia: “Practicar la justicia y el derecho Yahvé lo prefiere a los sacrificios” (Proverbios 21: 3), “Porque me gusta más el amor que los sacrificios, y el conocimiento de Dios, más que víctimas consumidas por el fuego” (Oseas 6: 6), “juzgaba la causa del desamparado y del pobre. ¿No es esto conocerme? dice Yavé” (Jeremías 22: 16)
El Mesías servidor de Dios y en quien el cristianismo mira a Jesús de Nazaret, tiene por misión la justicia: “Yo, el Señor te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano, te he formado y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones” (Isaías 42: 6)
Por medio de él se revelaría la justicia: “Así dice el Señor: Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar y se va a revelar mi victoria” (Isaías 56: 1)
Ahora bien, es claro que esto se cumple en Jesucristo, quien al traer el Reino de Dios, trae la justicia. Es este el sentido con el que Mateo cita a Isaías en el capítulo 12, versos 18 y 20 de su evangelio: “Miren a mi siervo, a mi elegido, a quien prefiero. Sobre él pondré mi Espíritu para que anuncie la justicia a las naciones.
No quebrará la caña débil, no apagará la vela vacilante, hasta que haga triunfar la justicia.”.
Por tal razón y a ejemplo de Jesucristo, los cristianos deben indagar el Reino y su justicia: “Busquen primero el reino de Dios y hacer su voluntad, y todo lo demás les vendrá por añadidura” (Mateo 6: 33)
Y ¿Cómo puede conceptuarse el Reino de Dios?: “Porque el reino de Dios no es cuestión de comidas o bebidas sino de justicia, paz y alegría en el Espíritu Santo” (Romanos 14: 17)
La vida del cristiano se debe dedicar a construir el Reino de Dios, que éste mismo terminará de establecer definitivamente, eliminando toda injusticia. La humanidad bajo ese Reino estará renovada: “y revestíos del hombre nuevo, creado según Dios, en justicia y santidad verdadera” (Efesios 4: 24) Será el pueblo de Dios en que sus componentes serán justos.
Es indudable que una lectura equilibrada de la Biblia debe hacerse desde el primer libro, hasta el último, desde el Génesis hasta el Apocalipsis, teniendo conciencia de la justicia entre los seres humanos.
Lectura en clave de salvación: La Biblia nos muestra el camino de salvación. Por esto, la Biblia nos da la buena noticia de salvación: “Ustedes oyeron y creyeron la buena noticia de su salvación, que es un mensaje verdadero, y gracias a Cristo pasaron a formar parte del pueblo de Dios y recibieron el Espíritu Santo que nos había prometido” (Efesios 1: 13)
También dice el Apóstol Santiago: “Por eso dejen de hacer lo malo, pues ya hay mucha maldad en el mundo. No hagan lo malo; de otra manera su vida parecerá un trapo sucio. Más bien reciban con humildad el mensaje que Dios les ha dado. Ese mensaje tiene poder para salvarlos” (Santiago 1: 21)
Los cristianos deben tomar conciencia del precioso tesoro que la Biblia contiene sobre Dios, la salvación del ser humano y la oración. La Biblia contiene la grandeza de nuestra salvación. En la Biblia, se encuentra el pilar de la verdad de salvación y de toda regla moral de conducta.
La Biblia nos narra la historia de la salvación. Dios interviene en la historia para ayudar a la humanidad a salir del sufrimiento y el dolor, de la persecución, la esclavitud, la enfermedad y la muerte.
Dios interviene en la historia para llevar a la humanidad al bien, la alegría, la paz, la libertad, la salud y la vida. Siempre que Dios intervino para salvar, independientemente de la gravedad de la crisis política y social, alimentaba la esperanza de la salvación definitiva: “Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” (Juan 12: 47)
En la Biblia se nos plantea el acto grandioso de la salvación que se ejecuta por medio de Jesucristo. Bajo el acto de la salvación de Jesucristo se ordena y refiere todo lo que contiene la Biblia. Tal ordenamiento y referencia puede darse de manera directa o indirecta.
Lectura en clave de liberación: En la Biblia, se muestra el camino de liberación del hombre. El Dios de la Biblia es un Dios liberador: “Por eso he bajado, para salvarlos del poder de los egipcios; voy a sacarlos de ese país y a llevarlos a una tierra grande y buena, donde la leche y la miel corren como el agua…” (Éxodo 3: 18)
El evangelio por sí mismo y por quien lo predica, Jesucristo, es libertad y liberación. Esto porque se señala la justicia como la base de las relaciones humanas, con la Biblia se rompen las opresiones de los oprimidos y se enfrenta a los opresores. Es por ello que Jesús cita a Isaías en la sinagoga de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos…” (Lucas 4: 18)
Los ricos quedan condenados porque la riqueza enfría el amor. Los pobres, los hambrientos, los que sufren y los perseguidos son elevados a la santidad: “Felices ustedes los pobres, porque de ustedes es el Reino de Dios. Felices ustedes los que ahora

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