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RESONOCO

02/10/2008 GMT 1

La Biblia palabra de Dios en la historia humana (5)

marfuerte @ 03:19

tienen hambre, porque serán saciados. Felices ustedes los que lloran, porque reirán” (Lucas 6: 21)

“Pero ¡Pobres de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! ¡Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre!” (Lucas 6: 24 – 25)

Lamentablemente, muchos sectores del cristianismo hablan de una liberación eminentemente espiritual, pero el mensaje de Dios implica una liberación socio – económica: “Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías” (Lucas 1: 53)

Dicha liberación socio económica, no anula la liberación teológica que implica la liberación del pecado, ya que por éste, se concretan todas las esclavitudes. Es decir, la liberación del pecado produce una nueva humanidad plenamente libre.

La Biblia muestra la senda para salir de la opresión a la liberación, pasar de las estructuras sociales injustas que provocan opresores y oprimidos a otras donde reine la igualdad y la justicia , donde se ejerzan en total profundidad los derechos humanos individuales y colectivos.

La aplicación de esta clave requiere que la Biblia se compare con nuestras realidades sociales. Con nuestros contextos económicos, políticos y religiosos, y si bien es cierto este no es el espacio para profundizar en el tema, si debe señalarse que dicha comparación con las circunstancias de América Latina nos dará como resultado un mensaje bíblico altamente encarnado con la clave de justicia y con la clave de liberación.

De esto se deduce una importante conclusión: la Biblia no es un libro muerto y desfasado en el tiempo. Es un libro vivo y dinámico. La Biblia es capaz de ser instrumento de acción en nuestra historia.

Se concluye que la Palabra de Dios es eficaz: “Pues viva es la palabra de Dios y eficaz y más cortante que espada alguna de dos filos. Penetra hasta la división entre alma y espíritu, articulaciones y médulas; y discierne sentimientos y pensamientos del corazón” (Hebreos 4: 12)

La Biblia no es sólo un texto de “teoría religiosa”, es un texto para vivirse y practicarse, para encarnarse en todos los marcos de la vida humana. La Palabra de Dios establece la norma por la que deben regirse las relaciones humanas con Dios y entre los mismos seres humanos: relaciones de amor y solidaridad.

A partir de aquí es claro que la persona que se relaciona con la Biblia y acepta su mensaje, se convierte en un luchador por la justicia, la liberación de los seres humanos y de los pueblos oprimidos.

Así pues, la muerte y resurrección de Jesucristo conlleva a la liberación completa del hombre en todos sus ámbitos: cultural, económico, político, religioso y social. el Reino de Dios es el gobierno del amor fraterno, la igualdad, la justicia social y la libertad.

Repetimos, leer la Biblia solo en clave espiritual es una grave equivocación. Esta amputación ha conducido a desfigurar a Dios, a su hijo Jesucristo y a su mensaje revolucionario.

Lectura en clave de amor: La Biblia es un himno al amor. Un ejemplo de esto, es el libro del Cantar de los Cantares. Juan nos muestra a Dios: “Quien no ama no ha conocido a Dios, ya que Dios es amor” (1 Juan 4: 8) “Nosotros hemos conocido y hemos creído en el amor que Dios nos tuvo. Dios es amor: quien conserva el amor permanece con Dios y Dios con él” (1 Juan 4:16)

Las intervenciones de Dios en la historia están basadas en el amor. Un ejemplo de ello, es la elección del pueblo de Israel: “Si el Señor se enamoró de ustedes y los eligió no fue por ser ustedes más numerosos que los demás, porque son el pueblo más pequeño, sino que por puro amor a ustedes, por mantener el juramento que había hecho a sus padres, los sacó el Señor de Egipto con mano fuerte y los rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto” (Deuteronomio 7: 7 – 8)

Un símbolo del amor de Dios con su pueblo, es el matrimonial, y cuando Israel caía en idolatría, se manifestaba el símbolo de la prostitución: “ No me compadeceré más de sus hijos, porque son hijos de prostitución” (Oseas 2:6)

La mejor época de este matrimonio entre Dios e Israel, es el tiempo de éste en el desierto bajo el liderazgo de Moisés. La infidelidad de la esposa y la reconciliación se encuentran descritas en Oseas capítulo 2, versos del 4 al 23, y en Jeremías capítulo 3, versos del 1 al 13.

Pese a la infidelidad de su esposa, Dios está dispuesto a recibirla: “¿Qué hace mi amada en mi casa, después de haber cometido tantas vilezas? ¿Acaso la carne consagrada alejará de ti la calamidad? ¿Podrás así regocijarte?” (Jeremías 11: 15) “De lejos el Señor se ha aparecido. Con amor eterno te he amado, por eso te trato con lealtad” (Jeremías 31: 3)

La prueba más contundente del amor de Dios al mundo, es la entrega de su Hijo: “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3: 16) “Dios demostró que nos ama al enviar al mundo a Jesús, su único Hijo, para que por medio de él todos nosotros tengamos vida eterna” (1 Juan 4: 9)

Dios nos ama por medio de Jesús y éste manifiesta el más profundo amor al morir por nosotros: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15: 13)

Frente al amor de Dios, el ser humano está llamado a responder con amor a él y a sus hermanos. Este es el resumen de la ley universal: “No tengan deudas con nadie, aparte de la deuda de amor que tienen unos con otros; pues el que ama a su prójimo ya ha cumplido todo lo que la ley ordena” (Romanos 13: 8)

El amor a Dios debe ser radical, no parcial: “Amarás a Yahvé tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6: 5) y con ese mismo ímpetu debe amarse al prójimo: “Pero hay otro muy parecido: amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22: 39)

Ante esto, se plantea un tema central: Mucha gente dice amar a Dios y no ama a su prójimo, pero hay mucha gente que dice no amar a Dios y sí ama a su prójimo, estos últimos, aunque no lo parezca, se encuentran en camino al Reino de Dios: “Pues el amor a nuestros hermanos es para nosotros el signo de que hemos pasado de la muerte a la vida” ( 1Juan 3: 14) “Si uno dice “Yo amo a Dios”, y odia a su hermano, es un mentiroso. Si no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve.” (1 Juan 4: 20)

Desde la perspectiva cristiana, debe amarse a los enemigos: “Pues yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre del cielo, que hace salir el sol sobre malos y buenos y hace llover sobre justos e injustos. Si amáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? También lo hacen los paganos. Sed perfectos como vuestro Padre del cielo es perfecto” (Mateo 5: 44 – 48)

De esto se deriva lo que se conoce en esta senda espiritual como el nuevo mandamiento: “Les doy un mandamiento nuevo, que se amen unos a otros como yo los he amado: ámense así unos a otros” (Juan 13: 34) El signo que distingue al cristiano es el amor: “Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos” (Juan 13: 35) Se recuerda también en esta línea a San Pablo, quien expresaba que el amor es el máximo valor espiritual, dando el mayor valor a todos los bienes (1 Corintios 13: 1 – 13)

Así las cosas, el cristiano es un ser humano que cree en el amor y se entrega a él. Siendo que, estando en el amor, está en Dios: “Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído. Dios es amor; y el que está en el amor está en Dios, y Dios en él” (1 Juan 4: 16)

Lectura en clave de Iglesia: La Iglesia se refleja en la Biblia. Ella es punto de comparación para saber si ella refleja la imagen de Jesucristo. Existe una relación estrecha entre Iglesia y Biblia: La Iglesia nace de la Biblia y la Iglesia es autora de la Biblia.

Ahora bien, la Iglesia debe aproximarse al texto bíblico, teniendo en cuenta que al seguir sus postulados, la resultante es una purificación de la comunidad de fe, esto por cuanto la Biblia la alimenta y la vivifica.

Ámbitos del saber humano como la catequesis, la espiritualidad, la liturgia, la moral, la pastoral y la teología misma tienen base en la Biblia. De ahí que, la objetividad de éstas y su efectividad, inician y se fundamentan en la Biblia.

La Iglesia es receptora de la Biblia y su intérprete bajo la luz del Espíritu Santo. Esto no significa que la interpretación de la comunidad de fe está por encima de la Biblia, lamentablemente ciertos sectores tanto, cristianos como seudo cristianos, han introducido la idea de que la interpretación de la Biblia necesita de ciertos “libros”, por lo general producidos por los fundadores de estas organizaciones, ya que de lo contrario (Dicen ellos), sería imposible entender el texto Sagrado. Nada más alejado de la realidad.

La interpretación de la Biblia en clave de Iglesia, significa que dicha interpretación está al servicio de la Palabra de Dios, a la cual se encuentra relacionada. La Biblia se lee desde la Iglesia y para construir la Iglesia. De ahí que es muy importante el papel que juega la lectura y reflexión de la Escritura, tanto, en la Eucaristía Católica, como en los Cultos Protestantes. Se lee la Biblia en comunión, para ejercer la solidaridad en comunidad.

Ya hemos hablado del mandamiento nuevo y éste es dirigido a la Iglesia, de donde se concluye que, la salvación o perdición es una cuestión de comunidad.

Lectura en actitud de oración: En este momento es bueno rescatar dos formas de abordar el texto bíblico: a la primera, la vamos a llamar, leer un texto. A la segunda, estudiar un texto.

Leer un texto

Llamamos leer un texto, el hacerle dar un sentido para mí hoy. en este tipo de lectura impera la subjetividad. Por lo general se responde a las preguntas: ¿Qué me dice el texto a mí como persona?, ¿Qué impresión me deja el texto?

Este tipo de lectura encierra un peligro: basado en la subjetividad, se le puede hacer decir a un texto cualquier cosa.

De ahí, que por ejemplo resultan inconvenientes, y dicho con todo respeto, prácticas de lectura y predicación en las que por ejemplo, se escoge un texto al azar y “bajo la unción del Espíritu Santo”, se comienza a predicar sobre dicho texto sin ninguna preparación.

Para evitar el peligro antes mencionado, se debe estudiar un texto.

Estudiar un texto.

Para estudiar un texto se debe echar mano de diversos métodos de análisis, esto con el fin de objetivar el texto. Es decir, saber que hay una distancia entre el texto y nosotros.

De seguido esbozaremos dos métodos de análisis de la Biblia: i) Análisis literario e histórico y ii) Análisis estructural.

i) Análisis literario e histórico.

Se parte de una pregunta: ¿Qué quiere decirme el autor del texto? Los textos bíblicos son antiguos y reflejan una cultura distinta a la nuestra, y por lo tanto marcos literarios específicos y diferentes a los nuestros.

El texto debe leerse varias veces para estudiar su estructura. Para ello, debe distinguirse entre relatos y discursos, debemos fijarnos como inicia el texto, si se designa un interlocutor (“Dios le dijo a fulano”) También debe ponerse cuidado a las frases para llamar la atención (“Escuchen…”) o las de oráculo (“Así habló el Señor…”) entre otras.

También deben verse los procedimientos literarios: por ejemplo, la inclusión (Se encuentra el mismo elemento al comienzo y al final del texto. Por ejemplo, al principio y al final del salmo 8, se encuentra la frase: “Oh Señor soberano nuestro”) También se dan las repeticiones en el texto, lo que nos da muestra de la cultura oral de donde surgen éstos. El objetivo de la repetición era grabar el relato en la mente del oyente.

Otro elemento de este método es la forma literaria: No debe olvidarse que cada texto pertenece a un género literario:

- Los relatos: Las historias tienen como objetivo el dar conciencia al lector de pertenencia.
- La epopeya: se trata de infundir entusiasmo y celebrar a los héroes, adornando los pequeños detalles.
- Las leyes: organizan al pueblo y permiten la vida en comunidad.
- La liturgia, celebraciones, ritos: expresan la vida en comunidad y manifiestan la relación de ésta con Dios.
- Los poemas, los cánticos, los salmos: expresan los sentimientos de fe del pueblo.
- Los oráculos de los profetas, mensajes que provienen de Dios: el objetivo es hacer regresar a la verdadera fe.
- La enseñanza de profetas o sacerdotes: pueden asumir varias formas como relatos, historias etc.
- Los escritos de sabiduría: reflexiones sobre las grandes preguntas de la humanidad.
- Evangelios: anuncian la buena noticia de Dios.
- Apocalipsis: son textos que nacen en tiempos de crisis y buscan infundar luz y esperanza, para resistir el periodo de prueba.

En este método también tiene peso la referencia histórica. Con regularidad se hace referencia en los textos a hechos históricos, estos hechos a veces están implícitos en el texto. La ubicación de la referencia histórica es difícil, esto, por la distancia entre el estudioso y el texto, además, puede darse una distancia entre el hecho narrado y el tiempo en el que fue escrito, súmese que puede suceder que el texto haya tenido transformaciones en el tiempo.

Finalmente, también es importante la fecha de un texto, esto puede ser útil, aunque sea una fecha aproximada. Claro, esta averiguación debe correr por cuenta de especialistas. En el caso de lectores no especializados, es suficiente el leerlas introducciones y las notas de nuestra Biblia.

He aquí un elemento importantísimo, muchos cristianos tienen una Biblia que carece de ayudas de estudio y con ella, pretenden emprender un profundo abordaje de la Escritura. Lo cierto es que un creyente que desee profundizar en la Biblia necesita una muy buena versión de Estudio. Sería bueno que se consulte al Sacerdote de la parroquia o al Pastor de la Congregación para que se recomiende el texto más conveniente a los intereses del lector o lectora.

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