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RESONOCO

03/10/2008 GMT 1

La generación del 48

marfuerte @ 03:14

Teoría y práctica Jóvenes intelectuales y políticos prepararon la Segunda República
David Díaz Arias | ddiazari@indiana.edu
La publicación en 1955 del libro Los 8 años, del entonces joven escritor y diplomático Alberto Cañas, causó revuelo en Costa Rica. Con un estilo narrativo envidiable, Cañas contó –como testigo y participante oposicionista– lo ocurrido en el país durante el periodo 1940-1948.

Ese libro se convirtió en un éxito editorial y se agotó tan rápidamente que se volvió difícil de encontrar. Seguramente por esto, Ricardo Esquivel Fernández se encargó de guardar y dar un ejemplar a Otilio Ulate, justo en el momento en que iba de viaje al extranjero.

El 5 de diciembre de 1955, desde Nueva Orleans, Ulate remitió una carta a Esquivel; en ella le avisó que había terminado de libro de Cañas. De acuerdo con don Otilio, la lectura le “produjo alivio”, y dijo más: “A la agrupación gobernante, de cuyas filas ha salido esta producción y a la cabeza creadora y conductora del grupo, las favorece, sin ninguna duda, que al fin se haya cumplido en esas filas el primer esfuerzo intelectual con probidad mental, con altura, criterio objetivo y limpia dicción”.

Ulate se había distanciado de sus antiguos socios políticos, casi inmediatamente al finalizar la Guerra Civil de 1948. Ya para 1955, había organizado un ataque sistemático a José Figueres y sus seguidores desde las páginas de su periódico, Diario de Costa Rica : de ahí su temor ante lo que pudiera encontrar en el libro de Cañas.

Sin embargo, y a pesar de su “alivio”, las siguientes páginas de la carta de Ulate se encargan de juzgar fuertemente lo que ya se llamaba la “Generación del 48”. ¿De quién hablaba Ulate al referirse a ese grupo?

Orígenes. En 1939, volvió al país Roberto Brenes Mesén, quien había permanecido cerca de veinte años fuera de Costa Rica enseñando primero en la Universidad de Syracuse (Nueva York) y luego en la de Northwestern (Illinois).

Junto con Joaquín García Monge, Brenes Mesén desempeñó un papel muy importante en la organización de una generación de jóvenes costarricenses que a principios del siglo XX abrazó el anarquismo y otras ideas libertadoras, entonces en boga en América Latina. Sin embargo, abandonó el país en 1919 luego de caer la dictadura de Tinoco.

A pesar de su ausencia, Brenes Mesén siguió publicando sus opiniones sobre Costa Rica. Además, sus libros y su puesto como profesor en los Estados Unidos contribuyeron a expandir su fama como uno de los más importantes intelectuales costarricenses.

Esa popularidad llegó incluso hasta un nuevo grupo de jóvenes que creció en las décadas de 1920 y 1930. Para su dicha –como indica Carlos Bermejo–, Brenes Mesén no venía a disfrutar de su jubilación, sino a plantear un examen de la situación del país.

Enterado de ello, un grupo conocido como la Asociación Cultural de la Escuela de Derecho (ACED) visitó a Brenes el 12 de julio de 1939. Los miembros de la ACED poseían una tremenda desazón acerca de la sociedad en la que vivían. La mayoría de ellos había leído Costa Rica, Suiza Centroamericana (1935), de Mario Sancho, un texto crítico de la democracia costarricense cuyas ideas los impactaron y terminaron compartiendo.

El encuentro de la ACED con Brenes Mesén fue el preludio de una conferencia que el viejo intelectual impartió en la Escuela de Derecho unos días después.

En esa actividad, Brenes Mesén objetó todos los pilares que sostenían el edificio del liberalismo costarricense. Al final, recomendó a los jóvenes lanzarse a conocer Costa Rica y enfrentar los males que la aquejaban.

CEPN. Unos meses después, el 3 de abril de 1940, los muchachos increpados por Brenes deshicieron la ACED y crearon el Centro para el Estudio de los Problemas Nacionales (CEPN). En el CEPN se congregaron un conjunto de talentos juveniles que se sentían insatisfechos con la forma en que se manejaba la cosa pública. Según el acta de fundación, el CEPN se identificaba como “un grupo de tendencia esencialmente cultural y de orientación cívica y democrática que habrá de ocuparse, con preferencia, del objeto que se indica en su nombre”.

La mayoría de veces, esos muchachos compartían una historia común ya que habían crecido juntos, habían asistido a escuelas y colegios similares y algunos eran familiares. Además, tenían casi la misma edad. Por si fuera poco, se sentían interpelados por profesores como Carlos Monge Alfaro o Isaac Felipe Azofeifa, que los estimularon desde la secundaria a explotar sus dones analíticos, narrativos y científicos.

Antes de la fundación del CEPN, es manifiesto el liderazgo intelectual de Rodrigo Facio dentro del grupo. Desde la secundaria, Facio había demostrado ser sumamente inteligente. Su maestro Carlos Monge Alfaro lo descubrió y lo motivó a explotar todo su potencial. Facio lo hizo sin tardanza. En su obra analítica, que comienza claramente en 1939, se observa un marcado interés por la historia de Costa Rica y Centroamérica, que explora para formular una respuesta a los desafíos del presente.

No obstante, el trabajo más importante de ese joven intelectual será su tesis de licenciatura en derecho, que defendió en 1941: Estudio sobre la economía costarricense . Como ha indicado Carlos Molina Jiménez, en la disertación de Facio reside el fundamento filosófico de la modernización capitalista costarricense que se echaría a andar después de 1948.

El sentido de ser una generación aparece en la tesis de Facio. Esta identidad se fortalece en los intentos por evaluar y luchar contra la administración Calderón Guardia (1940-1944). En este sentido, es probable que el hecho fundacional de ese grupo haya sido la guerra que hicieron en mayo de 1943 a una propuesta de reforma electoral.

El 48. En ese contexto, en una reunión de esos muchachos con el octogenario Ricardo Jiménez Oreamuno, este ratificó el sentido generacional de los miembros del CEPN. Por otra parte, en sus memorias, Alberto Cañas escribe que, en la lucha de mayo de 1943, “se pusieron las bases para que el movimiento de oposición que culminó en 1948 se estructurara”.

Facio era un intelectual, pero –o quizás por esto– su figura como político era menos fuerte. Ese espacio llenó José Figueres.

Desde 1942, cuando fue expulsado del país, Figueres se convirtió en una figura importante para el CEPN. A su regreso, en 1944, se afirmó cada vez más como el líder de la línea dura que ya se decidía por las armas para acabar con lo que luego llamarían el “régimen de los ocho años”.

Así lo hicieron. Temprano o tarde, la mayoría de quienes fueron miembros del CEPN se unieron a las fuerzas armadas que bajaron de las montañas del sur combatiendo al gobierno de Picado en 1948. Esa lucha fue lo que hizo que, en lugar de ser bautizados como la “generación del 43”, los jóvenes que tomaron el poder en 1948 fuesen identificados con ese año. Entonces, su presencia pública se afirmó.

En 1957, en México, Hugo Navarro Bolandi publicó el libro La generación del 48 . En él, tendió a confirmar la identidad generacional de quienes habían fundado el CEPN y que, a partir de 1951, organizaron el Partido Liberación Nacional. En el trabajo de Navarro se nota además un deseo por creer que Costa Rica, efectivamente, había iniciado una nueva etapa histórica con esos muchachos.

EL AUTOR ES PROFESOR DE HISTORIA EN LA UNIVERSIDAD DE COSTA RICA Y CANDIDATO A DOCTOR EN HISTORIA EN INDIANA UNIVERSITY.

Suplemento Áncora. periodico La Nación 17 agosto 2008.

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