La madre Teresa de Calcuta
Lic. Hermes Navarro del Valle
Ayer se cumplieron once años de la muerte de la beata Madre Teresa de Calcuta. Agnes Gonxha Bojaxhiu nació en la ciudad de Skopje, antigua Yugoslavia, el día 26 de agosto de 1910. Su familia era católica de origen albanesa. Su vocación se inició con las Hermanas irlandesas de Nuestra Señora del Loreto -en Irlanda-. En diciembre de 1948 regresa a Calcuta para empezar una nueva Congregación de las Misioneras de la Caridad. En poco tiempo reunió en su casa muy pobre a unos cuarenta niños analfabetos y sucios, a quienes enseñaba algo de higiene y las primeras nociones para leer y escribir. La nueva Congregación fue finalmente aprobada en octubre de 1950. El uniforme escogido era el “sari”, vestido común a la mayoría de las mujeres de la India.
Entre los muchos reconocimientos recibidos por la Madre Teresa podemos recordar los siguientes: en 1962 recibió el “Padna Shri” u Orden de Loto, el mayor premio que concede la India. Ese mismo año la Conferencia de Estados Asiáticos le concedió el “Magsaysay Prize” proclamándola la “mujer más benemérita de Asia”. En 1971 recibió de manos de Pablo VI el “Premio Internacional de la paz Juan XXIII”, y el premio “Buen Samaritano” en Boston, Estados Unidos. En octubre de 1972 la Fundación Kennedy en Estados Unidos le otorgó el título “Doctor en Humanidades” de la Universidad de Washington. En 1975 recibió el Premio Albert Schweitzer. Ese mismo año la FAO le otorgaba la Medalla Ceres con su efigie. Y por supuesto, no se debe olvidar el Premio Nobel de la Paz en 1979.
De su libro de meditaciones diarias reproduzco algunas palabras, de esta santa mujer, que cada día nos enseña a vivir en humildad y amor: “Hoy encontramos a Cristo en la gente que es rechazada, en los que no tienen trabajo, en aquellos a quienes nadie cuida, en los hambrientos, en los desnudos y en los que no tienen hogar. Parecen seres inútiles para el estado o para la sociedad, y nadie tiene tiempo para ellos. Somos tú y yo, como cristianos merecedores del amor de Cristo, si nuestro amor por El es realmente sincero, quienes tenemos que buscar a esos desamparados y ayudarlos...
Si a veces nuestros pobres han muerto de hambre, no es porque Dios no cuidó de ellos, sino porque ustedes y yo no fuimos capaces de dar. No fuimos instrumentos en las manos de Dios cuando, una vez más, vino hacia nosotros bajo ese terrible disfraz: el del hombre hambriento, del hombre solitario, del niño desamparado buscando alimento y abrigo. El sufrimiento de unos puede ser provocado por la ambición de otros... Cuando todos reconozcan que el vecino que sufre es el mismo Dios, y actúen consecuentemente, a partir de ese día no habrá más pobreza y nosotros, los Misioneros de la Caridad, ya no tendremos nada que hacer.”
periódico La Prensa Libre 6 septiembre 2008.

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