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RESONOCO

08/10/2008 GMT 1

Sangre de 1968

marfuerte @ 03:26

2 de octubre

Por Manuel Bermúdez

Para FORJA

El año 1968 fue paradigmático para la sociedad capitalista que en el siglo XX alcanzó su expresión más desarrollada. En ese año parecen conjugarse los acontecimientos que marcaron el final de ese siglo. Hoy, cuatro décadas después, es un recuerdo vago, idealizado en su mayoría, mitificado quizás, donde el espejismo de una libertad lograda y una juventud transformadora parecen el producto milagroso que salvó al mercado de sus propias contradicciones, o, al menos, alejó por un par de décadas su agonía.

Los procesos de transformación que había vivido la sociedad capitalista occidental después de la Segunda Guerra Mundial condujeron a un choque generacional. Los valores y actitudes que habían sostenido las formas de convivencia y las relaciones de poder en la sociedad estaban en crisis. Los jóvenes parecían ya no querer aceptar la subordinación en pro de un futuro mejor, sino que optaban por la insubordinación en pro de un presente con mayor libertad.
Mientras en las sociedades más desarrolladas del Occidente capitalista la tecnología, especialmente la de comunicación con la televisión y el teléfono a la cabeza, aceleraba la percepción del tiempo y el filósofo canadiense Marshall MacLuhan declaraba la aldea global, en las sociedades más deprimidas económicamente se levantaban luchas armadas por la libertad y la justicia social.
Como efecto del postcolonialismo, la guerra en Indochina había llevado a los Estados Unidos a una enmarañada aventura militar en Vietnam que no vislumbraba salida y, por el contrario, prolongaba una sangrienta agonía.
En África, las luchas liberadoras de ejércitos populares contra los resabios del colonialismo europeo se suman a las hambrunas y guerras por alimentos.

INTELECTUALES, ESTUDIANTES Y PUEBLO

En enero de 1968 se realizó en La Habana el I Congreso Cultural al que asistieron intelectuales de todo el mundo y fue un homenaje a Ernesto Guevara, asesinado un año antes en Bolivia, figura ya emblemática de una generación que buscaba la libertad y la justicia a toda costa. Los discursos y declaraciones de este congreso fueron decisivas respecto de la postura del intelectual comprometido con su realidad social y política.
Mientras tanto, las luchas por los derechos civiles en Estados Unidos, particularmente los derechos de los negros, habían llegado a su punto más alto con revueltas, choques y asesinatos y revueltas en más de 300 ciudades.
En todos los movimientos sociales en las distintas partes del mundo los jóvenes estaban al frente, cansados de un sistema que no funcionaba pero que pretendía seguir sosteniendo sus normas y privilegios.
En marzo de ese año, cuando la policía cerca de los estudiantes de la universidad pública de Milán, en Italia, uno de los líderes toma el megáfono y dice: Policías, tiene cinco minutos para dispersarse. Un poco de humor, imaginación e irreverencia alientan a mayorías que no están dispuestas a ser condenadas a un futuro similar o peor a su presente.
Una palabra parecía animarlos: insolencia.
Aun cuando en muchos casos no había claridad en las demandas, la efervescencia era contagiosa y la insubordinación la actitud predominante. Como le dijera en una entrevista el líder del movimiento estudiantil francés de mayo 68, Daniel Cohn-Bendit, a Jean Paul Sartre: Lo importante para nosotros no es elaborar una reforma de la sociedad capitalista, sino lanzar una experiencia de ruptura completa con esa sociedad; una experiencia que no dure, pero que deje entrever una posibilidad: percibimos otra cosa, fugitivamente, que luego se extingue. Pero basta probar que ese algo puede existir.
El 13 de mayo una marcha de 200 mil personas se dirige a La Sorbona. Los estudiantes universitarios toman las instalaciones y el movimiento de huelga se generaliza en el país.
Pero aquella protesta un poco anárquica y profundamente insolente buscó alianza con los sectores obreros y populares. La huelga de 10 millones de personas en Francia obligó al gobierno del general De Gaulle a torcer el brazo y sentó un precedente. Pero De Gaulle se comprometió a convocar a elecciones para 40 días después, las cuáles ganó con un 60%, sumiendo a aquel romántico y afamado movimiento en una derrota política.
No obstante, para los movimientos estudiantiles que bullían en otras partes fue un aliento y para los gobiernos que pretendían controlarlos, una seria preocupación.
Los aparatos policiales atacan constantemente las universidades y apresan a jóvenes líderes de movimientos estudiantiles y en Berlín, París y Londres miles se manifiestan contra el apoyo y participación en la guerra en Vietnam.

LA REPRESIÓN Y EL CRIMEN

La desobediencia y las protestas en Estados Unidos habían llegado a su punto más alto con brotes de violencia cada vez más frecuentes. El reverendo Martin Luther King Jr., quien abogaba por una lucha pacífica fue asesinado el 4 de abril en Memphis, pero el cambio en la sociedad estadounidense ya parecía irreversible. El ex Fiscal General y senador Robert "Bobby" Kennedy, hermano del asesinado John, uno de los mandatarios más queridos en la historia del país, se perfilaba como candidato demócrata, contendor, al igual que su hermano, del republicano Richard Nixon. Más radical que su hermano, Bobby tenía propuestas muy claras respecto de la guerra y de reformas internas en el país, pero el 5 de junio, al salir de la votación primaria que la daba el triunfo en California, fue baleado.
La derecha se apuntaría un nuevo triunfo ya que en noviembre de ese año fue elegido presidente Richard Nixon.
Mientras, otro movimiento conmovió Europa. El 5 de enero había ascendido al poder del gobernante partido comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubcek, un eslovaco impulsor de reformas políticas denominadas socialismo de rostro humano y conocidas como la Primavera de Praga. Pero las reformas parecían atentar contra la solidez del bloque socialista europeo y el 21 de agosto ejércitos de los países del Pacto de Varsovia encabezados por los soviéticos aplastaron las manifestaciones en las calles de Praga e impusieron un sistema autoritario apegado a las disposiciones del Kremlin, acabando con poco más de siete meses de florecimiento de libertades civiles.
Aún con todo su romántico anhelo de libertad y justicia, la lucha de los jóvenes que culminaba en 1968 parecía destinada al embate cruel de la brutalidad, el asesinato y la represión militar y policiaca.
Pero quizás el pasaje más terrible de ese año y de aquellas luchas fue el que se vivió el 2 de octubre, cuando una concentración de estudiantes y ciudadanos terminó con una masacre en el corazón de la ciudad de México.

DE LA INSOLENCIA A LA SANGRE

El 26 de julio una manifestación de estudiantes de primer ingreso de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) es reprimida brutalmente por la policía y se arma un zafarrancho. El rector Javier Barros se suma a los alumnos y protesta por la agresión a la autonomía universitaria.
Un mes después, el 27 de agosto el descontento general da el apoyo a los universitarios y una manifestación en el Zócalo alcanza cerca de 200 mil personas que enfrentan al ejército en las calles, donde esperaban permanecer hasta que el gobierno accediera a dialogar con ellos el 1 de setiembre.
Dos semanas después el ejército tomó la ciudad universitaria como parte de una estrategia anunciada por el gobierno para desarticular el movimiento estudiantil.
El 2 de octubre de 1968, a dos meses y diez días de haber iniciado el movimiento de protestas encabezado por estudiantes y obreros, se realiza una concentración en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, frente al edificio Chihuahua desde cuyo tercer piso los dirigentes del Consejo Nacional de Huelga hablan a la multitud de miles de personas reunidas en la plaza. Son las 5:30 de la tarde.
Durante los meses previos, en reiteradas protestas han sido reprimidos los estudiantes e incluso el ejército entró a perseguirlos en las instalaciones de la UNAM.
Puesta la atención del mundo en México, pues están a diez días de que inicien los XIX Juegos Olímpicos en México, en la significativa fecha del 12 de octubre, los manifestantes reclaman atención para su causa. Alzan la mano con un símbolo de la época los dedos índice y medio levantados, como una V de venceremos y que en otras geografías ese mismo año significaba paz y amor.
El ejército había movilizado seis batallones de infantería y otros cuerpos así como vehículos blindados ligeros. Varias calles alrededor estaban copadas por soldados con bayoneta calada
A las 6:15 de la tarde un helicóptero militar sobrevuela la zona y arroja dos luces de bengala. En es preciso instante inicia la balacera. Nadie tiene claro lo que ocurre, la multitud corre para cualquier parte, los militares entran y orden que se lancen al suelo.
Un grupo armado de jóvenes vestidos de civil entra al edificio Chihuahua, donde está la dirigencia, llevan guantes o pañuelos blancos en la mano izquierda y gritan Batallón Olimpia; encañonan y apresan a los dirigentes.
La gente despavorida busca refugio en el descampado. Incluso madres con niños pequeños no saben dónde ni cómo protegerse. No está claro de dónde vienen los balazos.
En los primeros instantes un dirigente desde el altavoz intenta calmar a la muchedumbre: no corran, es una provocación. Pero los muertos empiezan a caer y un muchacho del batallón Olimpia lo aleja del balcón.
La gente corre por varias calles pero se topa con el ejército que, con bayonetas caladas, dispara sin tener muy claro a quién o por qué. Las balas perdidas en edificios residenciales de los alrededores también cobran víctimas.
Una iglesia reacciona al escuchar los disturbios y busca protegerse. Minutos después, varios cuerpos yacen tendidos al pie de su puerta cerrada.
El caos es total, muerte, balacera incluso morteros de las unidades blindadas. Oscurecía y las balas cegaban la vida de inocentes que en su mayoría apenas llegaban a los 20 años de edad.
La policía y el ejército avanzan por sus presas y persiguen y detiene jóvenes en las calles y los edificios aledaños, más de 2000 personas son arrestadas. A muchos les arrancaban la ropa, los golpeaban y los llevaban a las instalaciones militares.
Los cientos de detenidos sin cargos, los desaparecidos y los heridos, se sumaron a los muertos que colmaron las morgues en hospitales cercanos y cárceles, luego de ser recogidos de las calles.
Más tarde empezó la lluvia, que en la madrugada facilitaría la labor de los bomberos y efectivos militares que recogían cadáveres y limpiaban los restos de la masacre. No querían ni el más leve rastro de la masacre ocurrida.
La tropa permaneció en Tlatelolco hasta el 9 de octubre.
El presidente Gustavo Díaz Ordaz, su Secretario de Gobernación, Luis Echeverría, el Secretario de Defensa Nacional, Marcelino García Barragán y el jefe de Estado Mayor Presidencial Luis Gutiérrez Oropeza, habían decidido acabar con los actos de insubordinación que pudieran empañar la celebración de las Olimpiadas en México.
El presidente tardaría once meses en hacer referencia a lo ocurrido e insistía en la versión oficial de que fueron miembros del movimiento estudiantil quienes iniciaron la balacera al disparar a efectivos del ejército.
Pero en su libro Parte de Guerra. Tlatelolco 1968 de Julio Scherer García y Carlos Monsiváis revelan detalles de lo ocurrido a partir de documentos militares. Marcelino García Barragán confiesa que: "Los disparos contra la multitud fueron hechos por un grupo de 10 oficiales armados con metralletas, bajo la conducción del general Luis Gutiérrez Oropeza, jefe del Estado Mayor Presidencial, enviados a diferentes edificios que daban a la Plaza de las Tres Culturas, con la instrucción precisa de hacer fuego contra la multitud allí reunida, según él, por órdenes superiores."
Miembros del ejército habían tomado algunos apartamentos de los alrededores de la plaza desde días antes obedeciendo a un plan ingeniado en la cúpula del gobierno y con asistencia de éste.
La impunidad prevaleció en uno de los pasajes más tenebrosos de la historia de México.
Sin duda, la sangre de Tlatelolco es el hecho más trágico de ese año que cuatro décadas atrás parecía querer marcar un nuevo rumbo por una sociedad mejor.

Suplemento Forja. Semanario Universidad 1 octubre 2008.

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