Fortalezas de una teoría científica
Felipe Mora Bermúdez | mora@mpi-cbg.de
Las ideas religiosas pueden coexistir con la ciencia, pero no deben confundirse con ella
Felipe Mora Bermúdez Instituto Max Planck de Biología Celular y Genética, Dresden, Alemania. Premio Nacional de Ciencia 2007
Los artículos recientes sobre la teoría de la evolución en este foro son una ventana útil para aclarar conceptos básicos al público. Se trata, al fin y al cabo, de la teoría medular de las ciencias de la vida.
Esta no es una respuesta directa a quien intentara desvalorizarla. Investigadores muy distinguidos ya respondieron eficazmente. Además, esos intercambios siguen un patrón monótono y repetitivo: creacionistas intentan desacreditar la evolución con ocurrencias o tergiversaciones; investigadores competentes las refutan presentando datos y publicaciones científicas; se solicita lo mismo a los creacionistas.
El intercambio con potencial interés científico invariablemente termina ahí, porque no existe evidencia reconocida que contradiga la evolución o apoye el creacionismo o “diseño inteligente”. Espiritualmente, cada quién es libre de invocar fuerzas o propósitos sobrenaturales para la vida y las especies, pero no hay necesidad ni evidencia científica de ello. Resta únicamente saber si la necedad de querer atribuirle carácter científico a creencias místicas es maliciosa o por ignorancia honesta. Hay que combatir ambas cosas con educación.
Atacar la evolución con opiniones, incluso de algunos “expertos”, es francamente inútil, más cuando esos “expertos” están ligados a grupos religiosos conservadores, cuando sus argumentos ya fueron refutados, o cuando las opiniones son mal comprendidas o sacadas de contexto. Cabrían críticas de nivel científico, con datos y publicaciones en mano, y las hubo cuando Darwin presentó sus ideas. Estas continuaron vigorosamente hasta cumplir las exigencias de la ciencia, con creces. Desde entonces, la teoría de la evolución se fortalece constantemente con contribuciones de todas las ciencias naturales. La consulta de los datos originales, obtenidos, verificados y publicados con rigor científico es insustituible, pero complementando las citas de los previos investigadores, puede empezarse con www.talkorigins.org y http://nationalacademies.org/evolution de la Academia de Ciencias de EE. UU.
Hipótesis, hecho y teoría. Es ahora necesario aclarar el concepto “teoría”. A diferencia del concepto popular de teoría, el concepto científico no es, de ningún modo, sinónimo u equivalente de hipótesis o creencia. Sostener tal afirmación demuestra menosprecio o ignorancia de los fundamentos de la ciencia.
Como otras teorías científicas, la evolución es un conjunto coherente de propuestas que alcanzaron tal validez, que se usan como principios generales para explicar, por ejemplo, cómo cambian las especies. Es tan sólida que muchos científicos la consideran como el mejor ejemplo de “teoría científica”. Otros ejemplos notables son la teoría celular, las teorías de la gravitación universal, de la relatividad, de la mecánica cuántica y del cambio climático antropogénico. Las humildes hipótesis científicas tampoco son antojadizas, deben ser verificables experimentalmente.
La siguiente es una manera simplificada de relacionar los conceptos científicos de hipótesis, hecho y teoría: una hipótesis apoyada por suficiente evidencia puede considerarse un hecho. Un modelo coherente, construido a partir de hechos, y que explica procesos generales, puede considerarse una teoría. Vea que este esquema pone, a propósito, al concepto “hecho” como parte del concepto “teoría”.
Nótese también la ausencia de “verdades absolutas”. Este término implicaría que todos y cada uno de los ejemplos imaginables de un proceso fueron verificados. En nuestro vasto universo, eso es imposible. La ciencia tiene por naturaleza el pragmatismo para no afirmar absolutos; de otra manera, no sería ciencia, sería dogma o fe. Sin embargo, cuando toda la evidencia obtenida confirma un modelo, se le otorga el rango de teoría, el más alto posible dentro de la ciencia.
La usual confusión y uso impreciso de estos y tantos otros conceptos por los creacionistas revela su mala comprensión del tema. “Micro-” y “macroevolución” son otro ejemplo. Estos conceptos describen esencialmente la misma evolución, aunque vista a escala diferente. Ambos “tipos” han sido demostrados (vea fuentes previas). “Macroevolución” es simplemente “microevolución” acumulada.
Teoría aceptada. Hay muchas razones por las que prácticamente todos los científicos especializados del mundo aceptan la síntesis moderna de la evolución: los organismos existen y cambian desde hace millardos de años.
Hay organismos, como las aves, que no existían hace 250 millones de años y que provienen de organismos ancestrales. Es más, todos los organismos actuales provenimos de organismos ancestrales, y nuestros cuerpos, células y genes son un gran conjunto de evidencia sólida al respecto. Estas y muchas otras son afirmaciones equivalentes a que la tierra es esférica y que el sol saldrá mañana.
Además, la teoría de la evolución explica con coherencia y solidez cómo suceden estos cambios: la combinación de factores como la variabilidad, la selección natural y la derivación génica. Refutarla requeriría entonces mucho más que ocurrencias. Se requeriría demostrar que toda esa evidencia es errónea, irrelevante o que otra teoría la explica mejor.
Como no hay tal, la comunidad científica especializada no se enfoca desde hace décadas en debatir la validez fundamental de la evolución. Los debates científicos siguen vigorosos, pero acerca de cómo actúan y se interrelacionan esos fascinantes mecanismos naturales que sustentan la evolución.
Religión y ciencia. Finalmente, quizás muchos pregunten: ¿Pueden la religión y la evolución ser compatibles? Sin duda. La Iglesia Católica, por ejemplo, ha manifestado que es compatible con el cristianismo, reconociéndola como “más que una hipótesis” y apoyada por “diversos campos del saber” (1996).
En cualquier caso, las ideas místicas o religiosas sobre la vida pueden coexistir con la ciencia, pero no deben confundirse con la ciencia, ni mucho menos enseñarse como tal.
La ciencia nos ayuda a comprender el mundo físico, y la enseñanza de la evolución es fundamental para una formación general; debe, por lo tanto, ser forta- lecida en todos lo niveles.
periódico La Nación 23 julio 2008.

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