Columna ESAS COSAS RARAS
María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
Seguimos soñando con el norte
Cada quince días de mi planilla se descuenta el dinero para pagar al banco la mensualidad por la compra de mi casa. ¿Cuántas personas desearían tener la posibilidad de tener una vivienda propia? Miles.
La casa, el jardín, la paz de toda ella, el confort y la seguridad que proporciona; y de repente no poder pagarla. Las tasas de interés suben a un 100 por ciento o la falta de empleo impide asumir los costos de un nivel de vida acostumbrado. Se arranca el sueño de ser propietarios de una vivienda.
En Estados Unidos esto es precisamente lo que le ha ocurrido a cientos de personas con la crisis financiera de las hipotecas y créditos de alto riesgo y más recientemente con la debacle de las bolsas en Wall Street el pasado lunes. Los intereses de los créditos se hacen impagables aún y para las grandes empresas o corporaciones financieras.
"Podríamos ver el cierre de miles de negocios, la pérdida de millones de empleos, a lo que seguiría una larga y dolorosa recesión. En otras palabras, ésta no es solo una crisis de Wall Street, es una crisis estadounidense", advirtió el senador y candidato presidencial demócrata Barack Obama.
¿Estamos los costarricenses conscientes de lo que está ocurriendo en el país usamericano? ¿Confiamos en nuestras capacidades de pago? ¿En nuestro sistema financiero?
Estemos atentos. Un descenso en la economía de Estados Unidos es realmente un daño para las economías como la de Costa Rica.
La mayoría de nuestras exportaciones tienen como destino Estados Unidos. Pero Costa Rica también podría resultar perjudicado por una reducción de las remesas familiares procedentes del vecino del norte, pues familias dependen del dinero que envían familiares que trabajan allá.
Además, que los gringos tengan problemas financieros incluye que no tengan dinero para viajar a destinos como Costa Rica. Y esa turbulencia financiera nos mete en otro zapato. Aumentaría los niveles de pobreza.
No deberíamos depender tanto de esta economía. Sudamérica se dio cuenta de ello años atrás y capitales como el de Brasil y Venezuela, aunque sienten sismos, no llegarían a tener un tsunami si del todo se da una recesión en el imperio yanqui.
Estados Unidos luce como un nuevo cielo raso de gypsum, muy bonito, con detalles incrustados, pero que con un aguacero se abomba, se hace feo y se pudre. Ese aguacero financiero nos advierte que no todo lo que brilla es oro.
Así es que, seguir creyendo que el acuerdo comercial entre Costa Rica y Estados Unidos es la panacea de nuestro desarrollo es seguir estando equivocados, cuando precisamente esos mercados están colapsando.
La experiencia que se vive en Estados Unidos debe mantenernos con los ojos abiertos, muy abiertos, para que quienes regulen ese libre mercado no arruinen nuestros seguros, nuestras telecomunicaciones, nuestra seguridad social.
periódico La Prensa Libre 3 octubre 2008.

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