Bolivia, crisis sin fin
Manuel Rojas Bolaños (*)
Sobre Bolivia se sabe poco en Costa Rica. La información que nos llega a través de los medios es fragmentada y discontinua. Seguramente la imagen que predomina es la de un país trastornado históricamente, donde la democracia no logra estabilizarse debido al atraso político de sus habitantes.
Bolivia es el octavo país en extensión del continente americano, con un territorio más de veinte veces mayor que el nuestro y una población de 10 millones de habitantes. Es un país partido geográficamente, con una zona andina al oeste, que comprende el 28% del territorio nacional, y la región de los Llanos, que abarca el 59% de la superficie nacional. El resto es una zona geográficamente intermedia.
Aproximadamente el 55% de la población es indígena. Habita mayormente en la zona andina y se dividen en dos grandes grupos humanos: Aymara y Quechua. Es una mayoría empobrecida, producto de la explotación desde los tiempos coloniales, y marginada social y políticamente, al menos hasta hace poco tiempo. El 60% de la población de ese país es pobre, un 40% en situación de extrema pobreza. Es un país donde impera la desigualdad y la concentración de la riqueza.
Dos proyectos sociales y políticos. En las elecciones del 18 de diciembre de 2005, Evo Morales, un político, activista y dirigente sindical de origen aymara, ganó las elecciones al frente del Movimiento al Socialismo, con casi el 54% de los votos. Por primera vez la mayoría indígena se veía realmente representada en el gobierno del país, y se abría la posibilidad de respuesta a sus demandas de mejoramiento social.
Pero la tarea no era fácil. El país estaba dividido entre dos proyectos sociales y políticos. Por un lado, el nacionalista pluricultural, también acusado de indigenista, que busca mejorar las condiciones de vida de las mayorías, lo que en Bolivia significa tocar los intereses de los tradicionales detentadores del poder económico. Por el otro, el proyecto de las élites mestizas concentradas en los departamentos orientales de la llamada “media luna”, principalmente en Santa Cruz. Un proyecto que impulsa la autonomía departamental y el mantenimiento de las estructuras que les han beneficiado a lo largo de la historia.
Pero hay una razón adicional: los recursos hidrocarburíferos del país están concentrados en la “media luna”, y esos sectores quieren afianzar su poder mediante su control, incluyendo la exportación de gas.
Por eso su resistencia a la constitución impulsada por Evo Morales, que fue aprobada por una Asamblea Constituyente en ausencia de la oposición que, ante la imposibilidad de frenarla, optó por retirar a sus representantes y boicotearla, haciendo uso incluso de la violencia. Seguramente Evo Morales ha cometido muchos errores, pero esa es la esencia de la crisis boliviana.
Empate y crisis. Vinieron luego los referendos autonómicos de Santa Cruz, Beni, Tarija y Pando, que fueron ganados por los prefectos opositores a Morales, aunque con importantes porcentajes de abstencionismo, y finalmente la convocatoria por parte del gobierno al referendo revocatorio de mandato, para el presidente, vicepresidente y prefectos departamentales.
Dicho referendo se realizó el pasado 10 de agosto. Morales obtuvo el 67% de apoyo, lo que significa que podrá continuar su gobierno; pero los principales gobernadores que luchan por la autonomía regional recibieron un considerable respaldo: entre 56 y 68%. Continúan también con sus mandatos.
La partida sigue por tanto empatada y la crisis continuará, hasta tanto no se abra un proceso amplio de negociación, entre quienes impulsan la propuesta de un Estado multiétnico y pluricultural, que necesita de una legislación y políticas acordes con un país dividido social y étnicamente, y quienes se ven amenazados en sus intereses por la construcción de una verdadera colectividad ciudadana, sin exclusiones y discriminaciones.
*Sociólogo
rojas.bolanos@gmail.com
Suplemento Página abierta. Diario Extra 9 setiembre 2008.

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