Una marca en el tiempo
Óscar Arias Sánchez *
“A mí no me va a pasar”. “A nadie en mi familia le puede dar”. “Ninguno de mis amigos se va a infectar”. “Los que tienen sida se lo buscaron”. “La culpa es de ellos”. Cada una de estas frases nos golpea, como el segundero de un reloj amenazante e implacable. Cada una de estas frases marca el tiempo del desprecio y la discriminación, del rechazo y la intolerancia. Pasan las horas, los días y los años, y seguimos escuchando estas palabras, sigue corriendo el segundero que divide a nuestra sociedad entre excluidos y excluyentes, entre infectados y censuradores. No tenemos por qué soportarlo. Es posible detener el tiempo de la indiferencia, y es posible empezar a detenerlo de muchas maneras.
Yo y un grupo de costarricenses quisimos hacerlo, precisamente, con un reloj. El pasado 1º de octubre, entregamos el reloj de la rifa que organizamos con el fin de recaudar fondos para que las mujeres con sida de nuestro país, pudieran fundar un albergue. La iniciativa fue exitosa, y no puedo más que agradecer públicamente a todas las personas que formaron parte de este esfuerzo. A las personas que adquirieron los números de la rifa, por su interés y generosidad. A la Comunidad Internacional de las Mujeres Viviendo con VIH/Sida, por su ejemplo y liderazgo. A Amelia Rueda, por su inmenso corazón, y por su voz siempre lista para alzarse en nombre de quienes no tienen la oportunidad de hacerlo. Y a Armando González, ganador del reloj, por renunciar a él para que sea rifado, una vez más, en beneficio de las causas sociales. Cuando supe que la Asociación de Mujeres Viviendo con VIH/Sida necesitaba un albergue, no dudé en donar este reloj; no dudé en llamar a mis amigos y conocidos a participar en la recolección de fondos. La palabra albergue viene de dos raíces góticas que quieren decir protección y ejército. Es decir que, originalmente, el albergue era una casa destinada a dar alojamiento a las tropas. ¿No sería maravilloso que hoy, en lugar de ser una protección para el ejército, sea un ejército de protectores? ¿No sería maravilloso que hoy nos proclamemos un regimiento de la comprensión hacia las personas con VIH/Sida? Esa fue mi primera motivación, y la que hoy me impulsa a pedirles que se sumen a nosotros.
Cualquier acto que menoscaba la
dignidad de un ser humano, menoscaba la dignidad de todos los demás. En nombre de Costa Rica, y como miembro de la humanidad, les pido perdón a las mujeres con VIH/Sida por cada vez que les han negado un trabajo, que les han vuelto la espalda, que las han juzgado. Llegará el día en que todos los costarricenses acepten también su responsabilidad, y empiece a sanar la herida que durante tantos años nos ha dividido. Mientras tanto, seguiremos estando presentes los defensores de sus derechos, y el séquito de quienes lucharemos sin descanso por ellas. Pase lo que pase, seguiremos combatiendo a su lado la indiferencia, y construyendo la solidaridad.
Esto es apenas el principio. Le hemos dado cuerda al reloj, para que empiece a correr de nuevo el tiempo. Nunca es tarde para volver a empezar, para rectificar los errores, para enmendar las injusticias. Nunca es tarde para empezar a hacer lo que es correcto. El virus del VIH existe entre nosotros. Abramos los ojos frente al prejuicio que rodea este tema. Abramos la boca para manifestarnos en contra de la discriminación. Y sobre todo, abramos los brazos para recibir a quienes necesitan pastillas y atención médica, pero también cariño y comprensión. En mis brazos, en los de Amelia, en los de cada una de las personas que participaron en este esfuerzo, tienen las mujeres con VIH/Sida de nuestro país un albergue siempre abierto.
* Presidente de la República
periódico La Prensa Libre 4 octubre 2008.

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