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RESONOCO

04/11/2008 GMT 1

LA RONDA DE LOS LIBROS

marfuerte @ 01:41

Alfonso Chase
Poesía reunida
Carlos Martínez Rivas
Compilación, reordenamiento
Introducción y notas
Pablo Centeno Gómez
Anama Ediciones
Managua, 2007

Por fin llega a Costa Rica esta compilación de la obra poética de Carlos Martínez Rivas (1924-1998), hecha por el poeta Pablo Centeno Gómez, uno de los estudiosos y conocedores más plenos de la labor poética de CMR, como gustaba llamarse.

En más de 600 páginas se nos presenta el deslumbrante panorama de la vida de un poeta, reflejada en su obra, desde cuando era casi un adolescente hasta sus últimos poemas, todo compilado de una manera exigente, con notas que iluminan detalles de todo su magisterio, desde “El paraíso recobrado” (1954) hasta los poemas desconocidos, que dan forma a una obra absoluta y trascendente que lo convirtió, desde siempre, en uno de los poetas mayores de Hispanoamérica.

A diez años de su muerte, en Managua, por fin tiene el poeta, en nuestras manos ahora, no su poesía completa sino la mejor selección que pudo hacerse de su obra publicada en libros, ediciones pequeñas, manuscritos, revista y hasta detalles de poemas escritos al vuelo. Como, para suerte de la poesía, Carlos Martínez Rivas no produjo discípulos apreciables, y si reprobables, los que nos adentramos somos los que el concebía como devotos, admiradores de su genio, su erudición, sus gracias y desgracias, todo esto presente en esta compilación que hace de este libro una edición cimera para un poeta trascendente, un ser humano único y un amigo que pedía para serlo los blasones de la lealtad y la comprensión.

La selección, ampliamente explicada por el compilador, nos permite tener un desarrollo de su poesía que muestra visos cronológicos, conforme fuera su ascensión como escritor. Pero esto resulta irrelevante. En cuestiones de fechas CMR siempre fue o exigente o ambiguo, y le corresponde a Centeno Gómez toda esa maravillosa labor de ordenar la vasta obra, lo que resulta en un libro de una lectura apasionada y apasionante, que muestra cómo este poeta es uno de los más importantes de su siglo, en Centroamérica, América Hispana y en el mundo.

No solo es una Poesía Reunida, sino también el ejemplo más lúcido del hacer poesía en el siglo XX, con severidad, gracia, genio y un profundo conocimiento de los lenguajes -inglés y francés-, incluido aquel que le nacía en las horas de lucidez o aquellas de duermevela terrible, cuyo testimonio quedaba en pequeños trozos de palabras, que luego se convertían en diamantes refulgentes.

Siendo tan vasto el legado de CMR, siempre en mayúscula, la selección de los poemas se corresponde con la grandeza del poeta, sus pequeños tropiezos, su absoluta manera de ver el mundo, de interpretarlo, de hacerlo suyo y nuestro por esa magia de la palabra –la dicha y la escrita- porque la voz de este poeta trasciende todas las barreras y la lectura nos permite estarlo oyendo, con esa manera suya de interpretarse a sí mismo y hacer de su poesía algo de espectáculo íntimo.

Por supuesto que la selección incluye los mejores, mejores, mejores poemas de Carlos Martínez Rivas, que con las notas, acertadas y complementarias, dan un nuevo esplendor a la obra del poeta. Este libro, el trabajo de compilación, la introducción, todo el conjunto, es uno de los más importantes y vastos que hayamos conocido sobre un poeta contemporáneo. Honra a la obra de Carlos Martínez Rivas, al dárnosla bellamente impresa, y al compilador por su lealtad, amor y respeto por uno de los poetas del cual fuimos sus amigos, devotos lectores, admiradores de su intelecto y aún de sus aciertos o errores. Un hermoso y completo libro para un poeta siempre vivo en las venas de sus lectores.

Obra poética
Francisco Urondo
Adriana Hidalgo Editora
Buenos Aires 2006

La obra poética de Francisco Urondo (1930-1976) fue una de las importantes para nuestra generación, del sesenta. Y nos referimos a uno de los escritores que más influyó en los cambios de paradigmas literarios a partir de su obra “Historia antigua”, (1950-1957) no solo en Argentina, su patria, sino en diferentes países en donde circulaba gracias a la labor de “El corno emplumado”, que dirigían desde México Sergio Mondragón y Margaret Randall. Urondo lo sabía y le gustaba que se lo dijéramos, ya fuera por carta, por envío con amigos comunes o en mi caso, las dos veces en que tuve la oportunidad de hablar con él, largamente. Sin embargo, su obra no ha sido lo suficientemente divulgada a partir de su muerte en combate en Mendoza, en aquellos aciagos días de la dictadura militar.

Susana Cella ha realizado una selección casi completa, con un hermoso prólogo y detalles editoriales de relieve, para la obra de un autor que no circula mucho en nuestra América, pero cuya poesía al ser leída ahora, tiene el valor de estar sobre el tiempo, dada la calidad de la misma y el acento humano que la permea toda.

Lo cotidiano es la base de la poesía de Urondo. Pero todo eso escrito con la belleza que tienen las cosas comunes para todos. Desde el amor, la amistad, la historia, la mujer amada vista entre nieblas, la música popular, la alta costura, todo esto conseguido con un tono dramático de primera línea, coloquial y amigo, revolucionario y tristón, pero siempre desde un hombre comprometido con el cambio social, lejano, eso sí, de la retórica seudo política, pero militando por y en la vida, sabiendo, era su época, que el compromiso mayor de un escritor, además de escribir, es el estar de frente a los enemigos del pueblo.

Pero la poesía de Urondo no se queda allí. Los elementos experimentales, la lectura de los poetas antiguos y contemporáneos, le permitieron forjar una obra constante, inmersa en la belleza, el dolor, la simpatía por las personas humildes, los olvidados, como en ese largo y extraordinario poema: “Adolecer” (1965-1967), que recoge la historia de su tiempo y de él mismo, inmerso, usando el verso largo y libre, mural de una época convulsa en la cual Urondo escribió lo mejor de su generación, al lado de Gelman, César Fernández o Noé Jitrik, como él supo reconocerlo.

Urondo también fue dramaturgo y novelista y eso se trasluce en su poesía de manera muy clara, pues está construida con elementos dramáticos y narrativos que nos permiten entender la historia argentina, la visión más amplia de su generación, la solidaridad continental, la angustia y la valentía de dar la cara, en esos momentos fundamentales en la vida y en la muerte de Francisco Urondo, al cual nunca pude llamar Paco, dada la grandeza que siempre creí percibir en él. El prólogo de Susana Cella es acertado y tiene elementos desconocidos, el menos en estas latitudes, sobre el poeta y su obra.

Un libro que, echado a andar, nos permitirá entrar en contacto con una de las poesías más atrevidas, sustanciosas y reveladoras, escrita en la segunda mitad del siglo XX. Francisco Urondo supo entender el tiempo en que le tocó vivir, al menos en su poesía. A los 32 años de su muerte se le recuerda por su categoría humana, su generosidad con sus colegas más jóvenes y por la definida calidad experimental, forma y fondo, de su obra poética.

Un libro magnífico de un autor casi desconocido en nuestro medio, pero cuya influencia se hace sentir en los mejores poetas jóvenes de Europa y de nuestra América.

Una joya para los devotos seguidores de la poesía de autor, como los otros dos libros que me permití reseñar.

Nuestro amor es como
Bizancio Henrik Nordbrandt
Antología Poética
Editorial Lumen 2008

Henrik Nordbrandt (Dinamarca, 1945) es uno de los más representativos poetas europeos de nuestro tiempo. Se le menciona, con Amos Oz o Philiph Roth, y con frecuencia, como candidato al Premio Nobel de Literatura. La presente antología poética, traducción de Francisco Uriz, con el auspicio del Centro de Literatura Danesa, ahora abarca el total de su obra a partir de 1966 y hasta 1998, manifestando la selección, una intensión abarcadora de los mejores poemas de sus libros, así como aspectos de la temática que le han convertido en uno de los maestros de la poesía europea del siglo XX, tomando en cuenta algunos vectores temáticos: lo cotidiano simbólico, el carácter del viaje como una manera de formarse, sitios y lugares emblemáticos de todas las culturas, así como la historia de su tiempo como elemento sustancial de su labor literaria.

Todo podría centrarse en las partidas y llegadas, el amor y la melancolía, tratados de una manera muy original, como metáforas a veces insólitas, producto de una visión renovada de ciertos temas que son parte del patrimonio de la humanidad, pero que en el caso de este poeta son puestos en el lugar y el tiempo actual, siendo esa visión contemporánea lo que lo hace uno de los poetas más originales, por esa capacidad de observar a las cosas, las gentes, las emociones, como si fueran vistos con la luz de una lámpara mágica.

A partir de 1977 su poesía se transforma, tiende a centrarse en la visión de un mundo conflictivo, en donde el pasado fija y el presente desordena y en el cual las viejas formas alumbran nuevas formas y el mismo poeta se transforma conforme pasan los acontecimientos ante su mirada. Es una poesía íntima que sin embargo es también colectiva, múltiple en sus sustancias culturales, y en donde el poeta pareciera estar encerrado en sus propias contradicciones, para buscar el exacto nombre de las cosas que van ocurriendo. Es una poesía dialógica. La mayoría de los poemas nacen del silencio hacia la palabra, logrando, en sus últimos, poemas una especie de polifonía que denota también su madurez, en esos lugares de olvido que surgen para hacerlos memoria y en donde reside la grandeza del poeta, la sagrada intuición de develar misterios pero regresando a su casa, que es el lenguaje. Lo evocativo se transforma en sensualidad, a la manera de Auden o Cavafis, pero el amor que ronda por toda esta antología lo salva de despeñarse sobre su propia sombra.
Revista Ábanico. periódico La Prensa Libre 11 setiembre 2008

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