Consumo y consumismo
Erick Ulate Quesada *
En la actualidad muchas personas, por razones ideológicas, rechazan la idea de que deban existir organizaciones de consumidores o, incluso, derechos del consumidor, en el tanto niegan una visión del ser humano que reduce su ser natural y espiritual a únicamente un actor del mercado cuyo único sentido es comprar los bienes y servicios que se ofrecen, confundiendo con ello los conceptos de consumo y consumismo.
Esta confusión, creada, desde nuestro punto de vista, a partir del rechazo ideológico que en algunas personas produce la defensa de los beneficios que producen los tratados de libre comercio para los consumidores, debe ser aclarada para así legitimar nuestra lucha frente a otros actores del mercado.
En tal sentido, debemos recordar que el Diccionario de la Real Academia de la Lengua define consumo como el acto de consumir el cual se refiere a “utilizar comestibles u otros bienes para satisfacer necesidades o deseos”, en el tanto que consumismo indica a “una tendencia inmoderada a adquirir, gastar o consumir bienes, no siempre necesarios”.
Como se observa, el acto de consumir es algo totalmente natural del ser humano y no conlleva el aspecto negativo de quienes ven al mercado como su mayor enemigo; de hecho los seres humanos, desde antes de nacer ya consumimos servicios de salud, y alimentos especiales, entre otras cosas, absolutamente necesarios para garantizar la vida de los infantes.
Incluso, es necesario mencionar que hasta en países con economías planificadas como Cuba, existe una institución gubernamental encargada de tutelar los derechos de la población consumidora, pues reconocen el derecho de la población a contar con bienes y servicios de calidad, aún y cuando sus razonamientos económicos no corresponden a una lógica de mercado.
La satisfacción de esas necesidades básicas debe separarse de la conducta, totalmente reprochable, de cada vez más personas, que por efecto de la publicidad, entre otras situaciones, vive únicamente en función de los bienes materiales que posee y define la felicidad en función de lo que tiene y no lo que es.
Esta conducta se manifiesta, ante todo en épocas festivas, donde incluso se dan acciones violentas entre personas que desean acceder a las ofertas que los comercios publicitan sin pensar si necesitan del bien o servicio, situación que es nociva para el desarrollo de una cultura de consumo racional y contra los mismos derechos de la población consumidora.
Precisamente, las organizaciones de consumidores rechazamos la idea del consumismo como forma de vida, defendiendo un consumo racional en donde los principios de solidaridad, información y justicia sean los que guíen el funcionamiento del mercado.
* Presidente Asociación Consumidores de Costa Rica
periódico La Prensa Libre 12 setiembre 2008

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