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RESONOCO

18/11/2008 GMT 1

24 litros… por siempre

marfuerte @ 23:57

Gerardo Castillo Martínez
El Presidente Ejecutivo del AyA, Sr. Ricardo Sancho Chavarría, anunció al país la campaña “Día del Ahorro por Costa Rica”, en la que, para motivar, sensibilizar y concienzar a la población, afirmó que si cierra la ducha por dos minutos cuando nos bañamos o tres minutos el grifo del fregadero al lavar los trastes o un minuto en el momento que nos lavemos los dientes, el ahorro acumulado sería de 72 litros diarios de agua por persona (24 litros por escenario), volumen que, de otro modo, sería desperdiciado -es decir: restado innecesariamente a los mantos acuíferos- para desventaja del usuario, el hogar, las instituciones públicas y empresas, el país, los ecosistemas de donde la extraemos y el planeta. Si a esto le agregamos lo que se ganaría si todas las familias y los conglomerados humanos dentro de sus organizaciones hicieran lo propio, el consumo evitado sería exponencial.

Así por ejemplo, si una familia de cuatro miembros en Costa Rica gasta en promedio 24 000 litros mensuales, y se ahorra 288 litros por día (72 X 4) o 8 640 litros al mes (288 X 30), en lugar de pagar, con las tarifas actuales del AyA, ¢6 0004, desembolsará ¢4 843, un ahorro de ¢2 161 (36% del monto). Si esta misma familia consumiera, digamos, 40 000 litros, en vez de sacar de su bolsillo ¢11 348, su factura le llegaría en ¢7 263, una economía de ¢4 085. Ahora imaginemos que mil familias con un consumo parecido al anterior decidiera sumarse al ahorro público, el monto global resultante en dinero sería de ¢4 085,000 mensuales y de ¢49 020,000 anuales y en cantidad no extraida de los manantiales de 14 400,000 litros (14 400 m3) mensuales y 172 800,000 litros en el año (172 800 m3). Hagamos lo mismo para 100 000 familias, y obtendríamos las cifras siguientes: en términos monetarios ¢408 500,000 mensuales y ¢4 902,000,000 al año, y en volumen 172 800,000,000 litros (172 800,000 m3) en un año.

Podríamos colocarnos en una situación hipotética en la que todo el país participara del cuido y conservación del agua, y concluiríamos que ahorrar el agua potable se convertiría en un tema estratégico del más alto nivel, sin mencionar el gran ahorro en electricidad. ¿No se constituiría esto en la mejor colaboración que le ofrendaríamos a la conservación de los acuíferos -amén de la reforestación y preservación de las montañas de las que emana el precioso líquido- y complementariamente a la reducción significativa del gasto en la generación de electricidad que, de otra forma, habría que realizar para allegar tal cantidad de agua a los hogares? ¡Y esto con solo ahorrar de uno a tres minutos diarios en el agua que consumimos en las tres faenas señaladas! (lo cual, de paso, se podría robustecer con la buena costumbre de usar un vaso o una taza llena de agua con la cual lavarnos los dientes y así tener por más tiempo cerrada la llave del lavatorio, o sosteniendo la manija del tanque del inodoro por cuatro segundos únicamente para limpiar el sanitario cuando terminemos de orinar) ¡Ni que se diga la contribución ecológica que estaríamos haciendo al planeta! Es tan fácil evitar el desperdicio, y tan fácil proteger a los mantos acuícolas y a las generaciones que no han nacido aún...
El señor Presidente Ejecutivo del AyA, al promover estos excelentes hábitos, estoy seguro que está consciente de que entre más ahorro se trate de lograr en la población usuaria del servicio menos ventas y menos ingresos obtendrá la institución; esto desde el ángulo estrictamente comercial sería visto como un absurdo empresarial, porque la razón de ser de las organizaciones que venden bienes y servicios es ofrecer cada vez más sus productos.

Sin embargo, comercio y responsabilidad social y ética con las generaciones futuras y con la sostenibilidad ecológica de las fuentes naturales, no deben estar divorciados.

Nunca la estabilidad financiera debe ir en desmedro de las necesidades actuales y venideras de la población consumidora de hoy y de mañana a disponer de agua en cantidad y calidad apropiadas ni en demérito de la capacidad de los ecosistemas para proveernos de agua para siempre. Por ello, se entienden los empeños que se hicieron en la reciente celebración de la Expoagua 2008, a iniciativa del AyA, con miras a recordar y reforzar, especialmente dentro de la niñez, los valores de la nueva cultura del ahorro para el cuido y conservación del agua.
Empero, la introducción, interiorización y sedimentación de esos valores, que habrán de traducirse indefectiblemente en hábitos para que exista garantía de que la cultura del ahorro sentará sus reales, es una tarea fundamentalmente educativa y de largo alcance, en la que no solo el AyA, sino también otras instituciones públicas y privadas, deben formar parte de esa estrategia.

Tienen la palabra, para citar algunos actores trascendentales que tienen que participar en este llamado, el Minaet, el MEP y la prensa.
periódico La Prensa Libre 4 noviembre 2008.

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