Una experiencia extraordinaria
Stephanie Schmidts
Congregación de Nuestra Señora de Sion
La hermana belga Emmanuelle Cinquinnds murió en Francia el 20 de octubre del 2008 a la edad de 99 años, un poco antes de cumplir los cien años. Luego de dedicarse a la docencia en Francia y en el Medio Oriente, a la edad de 62 años decidió dedicar sus otros 22 años a los recolectores de desperdicios de El Cairo, luego de ver las deplorables condiciones de cómo “los pobres entre los pobres viven entre la basura de los demás”.
Los recolectores de desperdicios, después de recoger la basura en sus destartalados carretones halados por mulas enfermas y famélicas, la clasificaban para revenderla, con el propósito hacerse de comida y ropa para ellos, y luego quemar lo que quedaba y continuar de esta manera viviendo en la pestilente vecindad en medio del denso humo provocado por las quemas.
Mujer de acción. Emmanuelle siempre estaba buscando maneras de recaudar fondos para su pequeña escuela, para construir pequeños refugios para las familias, para medicinas, educación, materiales de construcción; para programas para los niños y sus madres, para el proyecto a largo plazo de obtener tractores para los recolectores de desperdicios y para muchas otras cosas más.
Hace unos 30 años, mientras buscaba donantes en los EE. UU., llegó a Sion en Kansas City . Habló a las alumnas de la secundaria del colegio por más de hora y media y compartió sus historias. Las estudiantes estaban impactadas y decidieron recoger dinero para ella. Ella se sintió tan a gusto con las pequeñas niñas de Locust y ellas la quisieron.
A mí me conmovió tanto ella, que decidí en 1984, irme como voluntaria durante 3 meses para convivir con ella en su trabajo. Fue una experiencia tremenda para mí. Emmanuelle vivía con la gente, con excepción del domingo que se iba con las hermanas de Sion en El Cairo. La educación era la llave para toda su gente. Los niños iban con uniformes limpios a la escuela. Me dijo: “esto es lo que quiero que hagas”, nunca me preguntó cómo lo haría.
Experiencia enriquecedora. Así era ella, hacía las cosas y pasaban. Tenía un cuarto con materiales donados. Así que enseñé arte en la escuela, a pesar de que no sabía ni una palabra de árabe y nadie sabía inglés. Di clases de tejer a las mamás, y cada día llegaban más. Había montañas de lana donada, pero tenía que ir con frecuencia al Mercado a comprar agujas. Entre una y otra cosa, yo debía enseñar inglés a los niños, a las maestras, a las mamás y a los niños grandes. Fue un reto, pero una de las más enriquecedoras experiencias educacionales y de fe de mi vida.
Podría escribir tantas historias, pero la mayor historia era Emmanuelle misma. Ella vivía y respiraba el bienestar de esta bella gente. La recuerdo contando cómo llegaba bien tarde en la noche y necesitaba un cuchillo para cocinar. Le pedía a la señora cerca de ella que le prestara el de ella, e inmediatamente ella le daba su único cuchillo y nunca le pidió: “por favor, devuélvalo”. Todo pertenecía a todos, nada tenía dueño. Ella decía: “ellos me enseñaron una lección”.
periódico La Nación 5 noviembre 2008.

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