Administra tu Blog

¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis

RESONOCO

08/12/2008 GMT 1

Reflexión de adviento 1

marfuerte @ 23:32

REFLEXIÓN DE ADVIENTO.
Ocean Castillo Loría.

I

Estamos en la etapa de adviento como preparación de la navidad, esta preparación debe darse con un importante énfasis en la oración. Nótese que de lo que se trata es de buscar el verdadero sentido de la navidad en el silencio de la meditación.

Este tiempo no es solo recordatorio histórico del nacimiento del niño Jesús, es una llamada a mantenernos vigilantes ante la segunda venida de Cristo. Esta venida es punto alto de este tiempo inaugurado por Jesucristo mismo, y anunciado por los profetas. Es un recordatorio de que con Jesús nos unimos en la gloria por venir.

En este tiempo pedimos a Dios su manifestación en medio de su pueblo, en medio de sus problemas y dificultades, es por ello que cantamos con el salmo: “Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve”.

Se nos recuerda que tenemos un compromiso con quienes comparten nuestra fe, del mismo modo, debe tenerse presente que Cristo viene constantemente a nosotros, en aquellos que aceptan su señorío, en la fuerza y sabiduría que nos imparte, en la misma oración.

Pero Jesucristo también viene cuando se manifiesta la justicia y la esperanza para aquellos que sufren de injusticia y desesperanza, para aquellos crucificados en nuestra historia. Y es que si las y los creyentes manifestamos su Espíritu, somos las manos y los pies de Jesús que está al servicio del mundo.

Pero para ser sus manos y sus pies debemos estar despiertos, despiertos para no caer en el desánimo, para resistir la corrupción y la tentación del maligno, ya lo decimos en el Padre Nuestro: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.

Este tiempo, es momento para Cristificarnos, para encarnar a Cristo, ya lo dijo San Pablo: “Vivo yo, más no yo, es Cristo quien vive en mí”. Para cumplir este ideal debemos permitir que Jesucristo se adueñe de nuestra mente, de nuestro corazón, de nuestra vida entera. Jesús llama a poner en práctica lo que dice. Cristo no enseña un conocimiento, no muestra una teología, nos invita a hacer la experiencia que él vivió. No basta invocar a Jescristo, como expresión solemne de fe: “No todo el que me diga: ¡Señor, Señor! Entrará en el Reino de Dios, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre del cielo” (Mateo 7: 21)

¡Cómo hemos olvidado que el verdadero seguidor o seguidora de Jesús es el que realiza buenas obras como fruto de su fe!

Hoy es fuerte el desafío, porque dondequiera volteamos, lo que predomina es el egoísmo y la injusticia, individual y social. precisamente es el que practica la justicia social por medio de obras de amor cristiano quien se consagra como el que encarna al Señor.

Cristificarse se trata de confiar al grado de abandonarnos sin apoyarnos en nuestros pensamientos y fuerzas, entregándonos a la palabra y al poder de Cristo. He aquí un desafío de humildad a nosotros, que gracias al avance científico y tecnológico somos cada vez más prepotentes.

Hoy más que nunca la humanidad debe reconocer que las respuestas de la ciencia, la economía o la política, son insuficientes para salir adelante, se necesita de la Palabra de Dios. Hoy más que nunca la humanidad necesita del fuego que Jesucristo ha encendido en los corazones de quienes le aman y le siguen.

Los sabios y los entendidos creen saber, pero el conocimiento humano ignora lo más importante. El dios del que hablan no es más que una sombra del verdadero Dios, Dios que se manifiesta en Jesús y que debe manifestarse en nosotros.

El llamado en este tiempo es un llamado universal, el mundo entero está cobijado por la promesa de un reino de paz, este reino es lo que comienza a construir Cristo con su primera venida y que, tendrá su culminación en su regreso. Ya lo dice el salmo: “den gracias al Señor porque es bueno… que lo digan… los que reunió… del este y oeste, del norte y sur”.

Cuando se habla de paz en el Reino de Dios, se habla del bienestar de los seres humanos. Este es un buen momento para pensar como nuestras sociedades buscan la satisfacción de las necesidades de sus habitantes, este es un buen momento para señalar que aquellas colectividades que tienen como prioridad la guerra, están lejos del Reino de Dios.

Este es un buen momento para reflexionar sobre el grado de seguridad en nuestros campos y ciudades. Resulta lamentable que en sociedades que se consideran cristianas, lo que gobierne es el miedo y la violencia. Si las y los creyentes manifestamos a Jesucristo como la luz del mundo, por ende, debemos procurar ser constructores de la paz.

Se nos recuerda en adviento que Jesús es el llamado a establecer un gobierno de justicia, que tiene como frutos la paz y la armonía. Para lograr un gobierno de este tipo se requiere el poder y la asistencia de Dios que capacita para gobernar. En Cristo se encuentra la sabiduría necesaria para gobernar sobre la humanidad. Este conocimiento va más allá del ámbito intelectual. Implica el reconocer el señorío de Dios en la vida y en la conducta personal. Hoy nuestros gobernantes deben pedir la presencia de Jesucristo en sus corazones para poder gobernar conforme a la voluntad de Dios.

Solo de esta manera, quienes tienen el poder político podrán asegurar un orden social justo y defender el derecho de los marginados. Jesús encarna justicia y rectitud. Sea este el modelo de aquellos que deben guiar los destinos de la humanidad.

Dicho modelo presenta gran claridad en los objetivos de un gobierno justo: “El Espíritu del Señor está sobre mí. El me ha ungido para llevar buenas nuevas a los pobres, para anunciar la libertad a los cautivos y a los ciegos que pronto van a ver; para despedir libres a los oprimidos” (Lucas 4: 18)

Este ejemplo de gobernante tiene plena conciencia del derecho de los débiles a vivir y el que la justa distribución de la riqueza permite a todos el derecho básico al alimento. Está en nuestras manos el construir el Reino de Dios. No basta con orar por nuestros gobernantes. Debemos poner nuestros mejores esfuerzos porque nuestros países sean más igualitarios, justos y solidarios.

En adviento se nos presenta la oportunidad de recordar que la fuerza del evangelio transforma a los seres humanos y los lleva a Cristo que es la verdad, y esa verdad, ese santo nombre de Jesucristo derrota a Satanás, nuestro enemigo, padre de la mentira, de la falsa libertad y del ídolo de las riquezas materiales.

Los que aceptan a Jesús saben que Él es la gran riqueza. Por medio de Él Dios salva a la humanidad. Por eso quienes creen abrazan la salvación, porque vivir en Cristo, es experimentar la vida eterna.

El tiempo de adviento es tiempo de evangelizar, pero evangelizar significa que las y los creyentes en Jesucristo debemos ser capaces de sanar a los seres humanos de sus opresiones. Por ser testigos de la buena nueva, debemos dar gracias a Dios, quien nos capacita para llevar su salvación.

Evangelizar es animar, reconfortar, levantar la moral de la gente, nuestros pueblos necesitan consuelo, ser reanimados en la esperanza. No debemos esperar signos extraordinarios, pero si debemos dar razones para vivir y para confiar en Dios.

Lo hemos dicho y lo repetimos, los que aceptan a Jesús saben que Él es la gran riqueza. No hay nada que envidiar a aquellos personajes que tuvieron su adviento, desde los Patriarcas hasta los profetas. A nosotros nos ha tocado lo mejor: la encarnación del Hijo de Dios. Y puesto que nos ha tocado lo mejor, el adviento es tiempo de gozo, gozo que no es alegría pasajera, porque brota del corazón.

II

Por medio de Cristo la humanidad se reconcilia, y se reconcilia porque este Jesucristo que esperamos es buen pastor que cuida sus ovejas: “Como pastor pastorea a su rebaño: recoge en brazos los corderitos, en el seno los lleva, y trata con cuidado a las paridas” (Isaías 40 : 11)

Este Jesús que esperamos es el anfitrión que nos invita a ser homenajeados en un gran banquete, que es su Reino, con lo que se muestra su amor y fidelidad.

Nos ha tocado lo mejor, Cristo es copa y mesa, nos unge con su Santo Espíritu, nos permite vivir la resurrección desde ya, en comunión con el Padre. Este Jesucristo que esperamos aniquila la muerte, para vivir la comunión con Dios para siempre.

Nos ha tocado lo mejor, quien esperamos nos permite compartir el banquete de su Reino como una sola comunidad de hermanas y hermanos, sin distingo de raza o procedencia religiosa, porque quien esperamos, que repetimos, es buen pastor, padece con nosotros nuestras limitaciones.

Es por ello que con toda propiedad podemos cantar en este tiempo: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Dios nos salva de la muerte y nos resucita, elige a los pobres y despreciados por este mundo para llevar adelante su Reino.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Dios nos ama, nos escucha y es nuestra salvación.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Confiamos en ti, en medio de los peligros.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

El Señor es nuestra luz y nuestra salvación.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

En medio de las luchas de esta vida, no nos desanimamos, porque tenemos esperanza en ti, porque nos reservas la victoria en medio de esta lucha.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Que las luchas, las pruebas y las tentaciones no nos hagan olvidar que nuestro objetivo es estar junto a Dios.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Permite que comprendamos las inmensas riquezas del corazón de Jesús para que tengamos en Él un lugar de refugio, donde siempre podamos estar.

“Bendito el que viene en el nombre del Señor”.

“Es tu rostro Señor lo que busco”.

Comentarios

No hay Comentarios »

Dejar un Comentario


<a href> <em> <blockquote> <strong> <cite> <code> <ul> <li> <dl> <dt> <dd>

Archivo | ¡Crea tu Blog Ya! Fácil y Gratis