Reflexión de Navidad.
Ocean Castillo Loría.
Ha llegado el tiempo que hemos estado esperando.
Ha llegado la festividad cuyo centro es el nacimiento de Jesús.
La festividad de Navidad no es cuestión de regalos o cosas materiales, Jesús nace entre los pobres para enseñarnos que no hace acepción de personas, como quizás podemos hacerla nosotros, que escogemos a quien invitar a nuestras celebraciones o a quien regalar.
Este es un tiempo de dar gracias porque al nacer Jesús se cumple el deseo de Dios de estar siempre con nosotros: “La virgen quedará encinta y tendrá un hijo, al que pondrán por nombre Emanuel” (Profecía de Isaías citada por San Mateo, capítulo 1, verso 23)
Dios siempre quiso estar con el ser humano, primero, con el Santuario, luego con el Templo y ahora con el mismo Jesús, Emanuel: “Dios con nosotros”.
El deseo de Dios es salvarnos: “Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” (San Mateo, capítulo 1, verso 21)
Este es un tiempo de reflexión. Desde pequeños se nos dice que Dios es amor, se nos dice que somos una sociedad Cristiana, pero es sano preguntarnos: ¿Nos falta amor?
En Costa Rica domina la violencia.
En Costa Rica hay irrespeto.
En nuestro país, hay intolerancia de unos con los otros.
Nuestro pueblo no confía en sus gobernantes.
En Costa Rica predomina el materialismo, el individualismo y la exclusión.
Esta Navidad es momento oportuno para pedir al niño Dios que nos salve.
Jesús es la luz del mundo. Pidamos como los magos de oriente, ver su luz. Que la luz no sea solo la que hoy adorna nuestras casas, sino, que nazca en nuestro corazón.
Navidad es tiempo de dar gracias, tanto por lo que consideramos bueno y por lo que consideramos malo, tengamos conciencia de que Dios lo dispone todo para nuestro bien.
Navidad es tiempo de aceptación. María dijo sí por pura fe, esa aceptación nos interpela: ¿Aceptamos la voluntad de Dios en nuestra vida?
Jesús nace entre los pobres, entre los perseguidos (el rey Herodes lo busca para matarlo), es por ello que Jesús comprende a las víctimas. A las víctimas de la muerte, de la indiferencia, de los que no disfrutan de los derechos humanos.
Jesús ha nacido, y por él, la mano de Dios: “Derribó a los poderosos de sus tronos y exaltó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos. Y despidió a los ricos con las manos vacías” (San Lucas, capítulo 1, versos 52 y 53)
El nacimiento de Jesús no es una fecha histórica o de simple confort espiritual. El nacimiento de Jesús es el inicio de un cambio revolucionario en el que de lo que se trata es que reine la justicia. Este es el llamado al que se nos convoca a las y los cristianos.
Navidad implica que Jesús nazca en nuestros corazones.
Navidad implica que si creemos en Jesús debemos manifestar su Reino.
La verdadera fiesta no es comilona ni exceso de bebida, la verdadera fiesta no es el regalo material o el tiempo libre para divertirnos. La verdadera fiesta es la construcción de la justicia y la paz como fruto del gozo por la presencia de Dios.
Navidad implica convertirnos a Cristo para como él, luchar por la justicia, por la libertad y por la verdad que es el amor.
Sentir la Navidad es, abrirse a la acción de Dios. Este abrirse conlleva cuando menos dos sentimientos, alegría, por la presencia de Dios y miedo, por la inmensidad del proyecto de Dios, pero Él nos llama a no temer: “Pero el ángel le dijo: No temas…” (San Lucas, capítulo 1, verso 30)
Navidad es tiempo de tener conciencia de nuestras tormentas: la pobreza, la violencia, la incertidumbre ante el futuro. Pero Navidad también es tiempo de tener conciencia de que Jesús nos da la paz: “…Levantó, increpó a los vientos y al lago, y sobrevino una calma perfecta.” (San Mateo capítulo 8, verso 26)
Navidad implica estar con Jesús y no tener miedo.
Navidad implica la convicción que para Dios no hay nada imposible, por eso María acepta su plan.
Navidad implica no ser egoístas, esto significa, como decía San Pablo, que vivamos nosotros, pero no nosotros, sino Cristo.
Navidad implica hacer un examen de conciencia colectivo: en Costa Rica hay hambre, hay injusticias, xenofobia, pobreza extrema, enfermos sin alivio, desprecio a los encarcelados etc.
Preguntémonos: ¿Descuidamos la justicia, el amor, la lealtad?
Navidad es permitir la acción de Cristo, solo de esta manera seremos las manos y los pies de Dios que quieren destruir la desigualdad.
Navidad es dejar ver a Cristo en nosotros, es hacer realidad su enseñanza: “En eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos a otros” (San Juan, capítulo 13, verso 35)
Solo si Jesús nace en nuestro corazón podremos dar gloria a Dios en el cielo y ser instrumentos de paz en la tierra.
Navidad es todo lo contrario a lo que ahora vivimos. No podemos seguir matando a Jesús por el consumismo, el egoísmo y los excesos. Contrario al dios ante el que hoy nos postramos, Jesús encarna otras cosas, Jesús nos significa otras cosas.
En tiempos como estos no pensamos en los lugares donde verdaderamente se manifiesta Jesús. No pensamos en los marginados, en los abandonados, en los despreciados, a los que Jesús es compañía en sus soledades y angustias.
Navidad es gozo, es paz, pero también es una advertencia: que no venga Jesús y lo ignoremos en la falsa fiesta, debemos mantenernos vigilantes por la venida de Jesús.
A María le llegó un ángel, es decir, un mensajero, ¿Cuáles son los mensajeros que nos llegan a nosotros con una palabra de salvación?: los hambrientos, los pobres, las víctimas. Ellos nos dicen que las cosas deben cambiar y en ese cambio por la igualdad y la justicia se va concretando el Reino de Dios.
Este es un tiempo para preguntarnos: ¿Cómo hacemos que venga Jesús?: combatamos la pobreza, denunciemos la injusticia y construyamos la paz.
Navidad es que los egoístas sean solidarios.
Navidad es que los miedosos tengan valor.
Navidad es que las víctimas de las injusticias y la muerte sean reivindicados.
Navidad es que los que no escuchan, oigan a Dios en el niño que nace.
Navidad es que los muertos que produce este sistema vuelvan a la vida.
Dios nos entrega a su Hijo: ¿Queremos aceptarlo? Para recibirlo, debemos ser templos de su Santo Espíritu. Recordemos a Juan el Bautista, que nos llamó a convertirnos (San Marcos, capítulo 1, versos del 2 al 4)
Permitámonos vivir la verdadera navidad: regalemos una sonrisa, seamos servidores de los demás, dejando nuestras cargas en el pesebre, demos gracias por todo lo que la vida nos ha brindado, tanto por lo que llamamos bueno, como por lo que llamamos malo.
¡Feliz Navidad!
¡Que nazca Jesús para aquellos que lo esperan!

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