Las voces de Saramago
Literatura
Retos Las novelas de José Saramago son invitaciones a reflexionar sobre nuestro tiempo
Amalia Chaverri | amalia.chaverri@gmail.com
Cierta vez, en una entrevista, José Saramago mencionó algo muy curioso: si se dispone a escribir una novela, primero busca un título; cuando lo encuentra, comienza a escribir y así va surgiendo la propia narración. El escritor portugués publicó su primera novela a sus 55 años de edad. De ese momento a hoy han pasado 31 años, y él ha escrito, catorce novelas, Casi un objeto (relatos), Poesía completa y Las pequeñas memorias , incluida la que acaba de publicarse: El viaje del elefante. Por su edad (87 años) y por lo que él mismo ha adelantado, podría ser su última novela.
Saramago también ha confesado que su segunda novela, Levantado del suelo, definió su escritura y sus rasgos de estilo. Él suele afirmar que le es más fácil hablar que escribir y que, antes de emprender aquel libro, no lograba trasladar el uso de la gramática de los campesinos portugueses –luego personajes en la trama– a la escritura. Decidió transcribir su habla tal y cual, y así nació su estilo inconfundible.
Del título de esa novela comenta: “Del suelo sabemos que se levantan las cosechas y los árboles, se levantan los animales que corren por los campos o vuelan sobre ellos, se levantan los hombres y sus esperanzas. También del suelo puede levantarse un libro como una espiga de trigo o una flor brava. O un ave. O una bandera”.
La ‘otra’ historia. El autor ha confesado: “Lo que a mí me interesa no es la historia; lo que me interesa es el pasado porque en el pasado está todo, no en la historia. La tarea del novelista es buscar lo no dicho y traerlo, enseñarlo al lector. Es dar vuelta a las cosas para saber lo que las cosas son”.
El memorial del convento , la Historia del cerco de Lisboa, La balsa de piedra y El Evangelio según Jesucristo son la puesta en escena de la anterior afirmación. En La Historia del cerco de Lisboa nace una nueva historia a partir del error de un corrector de pruebas que inserta un “no” en un lugar equivocado, y cambia la historia oficial.
La balsa de piedra es una curiosa utopía: la península Ibérica se despega de Europa hacia un nuevo encuentro con los “descubiertos”. Es un redimir abusos y un desafío al poderío norteamericano. El evangelio según Jesucristo es una obra teológica y filosófica sobre el problema del bien y del mal, y no escapa al espíritu de las anteriores novelas. Como puesta en duda de verdades absolutas, todas siguen la tónica de la posmodernidad.
Gran trilogía. Entre los 73 y los 79 años, Saramago escribió la trilogía Ensayo sobre la ceguera, Todos los nombres y La caverna , tres grandes metáforas, intemporales y de gran poder simbólico. La primera novela remueve al lector por lo grotesco, hostil y perturbador de lo narrado. En el libro priva la ceguera como símbolo de la ineptitud de los seres humanos de vernos y comprendernos tanto a nosotros mismos como a los otros.
Todos los nombres sucede en un espacio-tiempo más restringido. El personaje principal –digno y solitario– y su oficina son emblema del sistema burocrático. Ese hombre llega a constituirse en “héroe” cuando se rebela contra los mecanismos torturadores e inflexibles de los organismos catalogadores de nuestra época, siempre vigilantes, rígidos y deshumanizados.
La caverna es el enfrentamiento del artesano frente a la modernización del mercado en la sociedad de consumo. Se “siente” la antropofagia del “mall” (el Centro, en el texto), cuya voracidad no conoce distinciones y deja vivo únicamente lo que es parte de sus intereses. El cierre de este texto sintetiza lúcidamente el tono de nuestro tiempo.
Aún hay más. El hombre duplicado es el problema de la identidad: “yo y el otro”, o “yo en el otro”, o “cómo soy yo frente al otro”. Por tanto, “¿quién soy?”, “¿qué pasa si me encuentro con alguien igual a mí?”.
Lo que desata la acción en su siguiente novela, Ensayo sobre la lucidez, ocurre cuando, en un país democrático, el 83% de una desilusionada población vota en blanco, consciente de vivir “un momento único en la historia de las democracias”. Se declara el estado de sitio para afrontar el caos que produjeron los “degenerados, delincuentes, subversivos, y para que reconozcan sus errores e imploren la merced y la penitencia”.
Las inesperadas respuestas del pueblo descontrolan a los grupos de poder. Ante la sucesión de fracasos en la búsqueda de los culpables, los poderosos inventan nuevos enemigos para “cortar cabezas antes de que empiecen a pensar”. Saramago vuelve aquí por sus fueros pues retoma el tema de la ceguera blanca de Ensayo sobre la ceguera , para que sus personajes sean de nuevo protagonistas en esta gran metáfora sobre el desgaste de las democracias.
Llegamos a Las intermitencias de la muerte, ahora su penúltima novela. Ella nos enfrenta con un dato universal, doloroso, inquietante e implacable: la muerte. El libro recupera un viejo tema de origen eslavo, reelaborado en muchos contextos literarios, incluido el nuestro (Carmen Lyra, Alberto Cañas, Rafael Ángel Herra, entre otros): que la muerte ha dejado su trabajo y desaparece por un tiempo.
Se desata así un caos, y es el momento oportuno para que el escritor, a partir de esa “ausencia de muerte”, se solace en mostrar las implicaciones de este acontecimiento en todos los campos, desde la religión (“si no hay muerte, no hay resurrección”) y la filosofía (“filosofar es aprender a morir”) hasta su incidencia en la economía y en la sociedad de consumo pues se vive en un “estado de vida suspendida o de muerte parada”.
En este mano a mano con la muerte, el autor, a modo de catarsis, la literaturiza y la humaniza: la teme, la odia, la ridiculiza, la estudia, la pone a conversar con la guadaña; pero también la “compadece” por su desconocimiento de saber qué es vivir, por no haber sentido la nostalgia, el dolor y el amor. Para concientizarnos, añade sabiamente: “No nos resistiremos a recordar que la muerte, por sí misma, sola, sin ninguna ayuda exterior, siempre ha matado mucho menos que el hombre”.
El amor existe. Saramago afirma que, en sus novelas, el amor siempre es posible. Recordemos a Blimunda y Baltasar, a Marcenda y Ricardo Reiss, a Raimundo y Maria Sara, sin dejar de lado a María Magdalena y Jesús, tremendamente humanos, tratados con delicadeza, sin deslices profanos.
Saramago tiene 87 años. Vivió los avatares del siglo XX y los peores momentos del inicio del siglo XXI. Su estilo –señero, perturbador, osado e irreverente– sigue siendo inconfundible. Su inapelable lucidez, sin muestras de agotamiento, ha ido recreando, en ordenada secuencia, el proceso y la visión desgarradora de la sociedad actual, la “ceguera”, la identidad, el consumismo, la burocracia, la soledad, la agresión y el desamparo. No en vano se espera con expectativa El viaje del elefante.
FOTOS
José Saramago publicará próximamente su novela El viaje del elefante . Recientemente, el director brasileño Fernando Meirelles adpató al cine su novela Ensayo sobre la ceguera . Archivo
Vida
de novelas
1977: Manual de pintura y caligrafía ; 1980: Levantado del suelo ; 1982: Memorial del convento ; 1983: Casi un objeto ; 1984: El año de la muerte de Ricardo Reiss ; 1986: La balsa de piedra ; 1989: Historia del cerco de Lisboa ; 1991: El Evangelio según Jesucristo ; 1995: Ensayo sobre la ceguera ; 1997: Todos los nombres ; 2000: La caverna ; 2002: El hombre duplicado ; 2004: Ensayo sobre la lucidez ; 2005: Las intermitencias de la muerte ; 2005: Poesía completa ; 2007: Las pequeñas memorias ; 2008: El camino del elefante .
Suplemento Áncora. periódico LA Nación 11 enero 2009.

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