Columna PRISMA
NO ALTERE SU ÁNIMO POR LA “BASURA” DE LOS DEMÁS
Por Mario Ugalde C.
Subdirector
mugalde@diarioextra.com
¿Con qué frecuencia permite que las majaderías de otras personas cambien su estado de ánimo? ¿Se enoja cuando otro conductor lo agrede por un error de tránsito, o un salonero grosero lo trata irrespetuosamente, un jefe exigente le pide más de lo que le corresponde hacer, o cuando un compañero de trabajo arruina su día?
De ser así active su alarma porque está en verdaderos problemas, ya que lo que realmente distingue a una persona exitosa es el control que tenga sobre el manejo de la ira, autocontrolarse es un don que todos queremos pero pocos tenemos, pues bien; con el fin de ayudarle a mejorar su carácter para que usted y quienes lo rodean vivan más felices, quiero compartir una historia que lo hará recapacitar.
Resulta que hace unos años aprendí una excelente lección de vida. Me la enseñaron en el asiento trasero de un taxi. Me subí a un taxi y partimos rumbo a la dirección que le indiqué al conductor, íbamos en el carril derecho cuando de repente un carro salió de no sé donde, el taxista frenó súbitamente, se oyó el rechinar de las llantas y a escasos centímetros evitó chocar con el otro auto.
El conductor del automóvil que casi causa el accidente, empezó a gritarnos una serie de malas palabras “%#$*&!”. Increíblemente el señor taxista, solo sonrió y le saludó amablemente. Así que yo, sorprendido le pregunté, “¿Porqué hace eso? Ese tipo por muy poco destruye su taxi y nos envía directo al hospital.
Entonces el taxista me dio la lección más hermosa de mi vida, la que ahora llamo “La ley del Camión de Basura”. Muchas personas me dijeron que la gente que reacciona como el sujeto que estuvo a punto de chocarnos son como un camión de basura. Están llenos de enojo, frustración y desaliento, por eso una vez que han acumulado mucha basura, necesitan un lugar en donde tirarla y si uno se lo permite se la lanzan encima sin pensarlo dos veces.
Esa fue la lección del camión de basura que aprendí en el taxi. Desde aquel día empecé a pensar, ¿Cada cuánto permito que los camiones de basura me contaminen? y ¿Con qué frecuencia tomo mi basura y la tiro sobre las personas que más amo como: Mi esposa, mis hijos, o mis amigos?
Por eso desde aquel entonces me propuse no ser el basurero de nadie. Empecé a ver con más claridad los camiones de basura y decidí que a partir de ese día no me dejaría arrojar porquerías. No volví a permitir que los camiones de basura tomen el control de mis sentimientos y mucho menos de mis emociones.
Espero que ustedes, al igual que yo, aprendan a sonreírle a los insatisfechos, malhumorados y frustrados... esa es la mejor medicina para cambiar su perspectiva de la vida, o por lo menos les puede iluminar su día. Sea amable con ellos, porque cada persona con la que tropezamos a diario está librando sus propias batallas. Sea feliz, para lograrlo no olvide estar atento para que los camiones no le tiren su basura, bajo ninguna circunstancia permita que otros arruinen su vida.
Diario Extra 17 enero 2009.

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