La Costa Rica que veo
•Ricardo Jiménez comienza a gobernar
Alberto Cañas
Le tocó a don Cleto en su primer gobierno, del que hablé en mi columna anterior, concluir el ferrocarril al Pacífico, aunque cuando entregó el poder faltaban aún unos días para la terminación final y le tocó a su sucesor, Ricardo Jiménez, correr el primer tren hasta Puntarenas. Pero el gobierno de este cartaginés ilustre se inició el 8 de mayo de 1910 en medio de una gran tragedia que hoy no podemos menos que recordar: cuatro días antes, un terremoto había destruido la ciudad de Cartago; 99 años después hemos sufrido otro, de parecida fuerza.
La primera administración de don Ricardo Jiménez parece haber sido testigo de curiosas transformaciones socio-políticas que este inteligentísimo gobernante evidentemente captó, y fueron como un punto de partida para las transformaciones y reformas democráticas que fue haciendo a lo largo de su larga vida política.
Lo que los escritores un poco bucólicos del 900, Magón y Aquileo J. Echeverría principalmente, presentaron como una arcadia y Magón contempló luego retrospectivamente como una edad de oro, no resistió el advenimiento del Siglo XX. Crisis económicas y oscilaciones del precio internacional del café, todavía hoy no muy bien estudiadas, venían provocando una concentración de la propiedad de la tierra en los valles centrales, y la desaparición de una gran cantidad de pequeños cafetaleros (ciertamente mayor que la que se produjo entre 1860 y 1870 que llevó a la apertura de nuevas zonas: el norte de Alajuela y lo que llamamos hoy Los Santos). Así nació un hasta entonces inédito proletariado urbano para el cual no estaba preparada la ortodoxia liberal en el poder, que aspiraba a gobernar una sociedad exactamente igual a la que dejó Guardia.
Así nacieron en el sector intelectual las primeras preocupaciones anti-liberales (anarquismo, socialismo), suscitadas en buena parte por inmigrantes catalanes con cultura política, y protagonizadas por hombres de pensamiento tan valiosos como Joaquín García Monge, José María (Billo) Zeledón y el joven Omar Dengo, que crearon temor en los círculos oligárquicos cada día más seudo-aristocratizantes y endogámicos. Estas preocupaciones de orden intelectual llevaron a los primeros intentos de organizar sindicalmente a los trabajadores, a las primeras celebraciones del 1 de mayo como Día del Trabajo, y desembocaron en 1923 en la fundación por Jorge Volio del Partido Reformista, pero no debemos adelantar sucesos.
El hecho es que la candidatura de Ricardo Jiménez se plantó dentro del llamado Partido Republicano, fundado por Máximo Fernández, a quien los oligarcas tenían como un demagogo peligroso, y que lo puso al servicio de la candidatura de don Ricardo, el más radical y menos oligarquista de los liberales del Olimpo, proclamada en la primera convención política que vio este país, celebrada en el Teatro Variedades. Dentro del liberalismo predominante, don Cleto y don Ricardo, a quienes existe una tendencia a identificar como un solo cuerpo político, pensaban de manera diferente en muchas cosas, y nunca hicieron política juntos. Los oligarcas preferían a don Cleto.
Quienes han pretendido que Minor Keith y su United Fruit dominaban a Costa Rica han pasado por alto que la candidatura de don Ricardo Jiménez en 1909 surgió de su oposición cerrada a los primeros “contratos bananeros”, que don Cleto sometió al Congreso, que fue oposición al gobierno de su amigo. Y que llegado al poder don Ricardo, no fue su gobierno de 1910 (como no lo fueron los de 1924 y 1932) amigo de la compañía bananera.
A lo largo de sus tres gobiernos, don Ricardo se preocupó de democratizar la política, y en el de 1910 logró cambiar el sistema electoral, introduciendo el voto directo y la eliminación de los “electores” que escogían el presidente (como sucede todavía en los Estados Unidos). Él fue el último presidente producto de una elección de segundo grado. Procede adelantar desde ahora, que en su gobierno de 1924 instauró el voto secreto y en el de 1932 la regla de que basta el 40 % de los votos para ser elegido, regla que a partir de 1958, cuando se aplicó por primera vez, ha dado paz los resultados de nuestras elecciones.
Suplemento Página Abierta. Diario Extra 20 enero 2009.

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