El discurso de asunción de Barack Obama
Gerardo Castillo Martínez *
Barack Hussein Obama, después de aceptar ser investido como Presidente de los Estados Unidos de América, se dirigió a la Nación y al mundo con un mensaje que refleja las grandes líneas maestras de lo que será su plan de gobierno en el plano doméstico e internacional.
Al hablar en nombre de ese variopinto conglomerado social, que es el “pueblo” estadounidense, lo hizo basado en tres pilares que sostienen el entramado cultural de ese país a hoy día: los valores tradicionales que lo caracterizan, la reconciliación racial y la tolerancia hacia las ideas y personas provenientes de otros lares que residen en ese territorio y que se han confundido en esa “nacionalidad”. Es decir, él se constituyó, en su alocución, pero también con credenciales en los hechos..., en el “resumen” ideológico de lo que es la “personalidad” del estadounidense.
La retórica contenida en su discurso, ofrece nueve “señales” de lo que sería su política global en los ámbitos interno y externo, sin dejar de mencionar, desde luego, la influencia con distintos grados de poder de los múltiples y disímiles actores, dentro y fuera de los aparatos de Estado y de los grupos de presión e interés, que podrían ser catapultadores u obstaculizadores de sus acciones, y cuya gestión de poder estaría siendo eficaz dependiendo de las circunstancias resultantes de la relación de fuerzas.
1.ª Condiciona el encaramiento de los desafíos a la invocación, por parte de toda la población, de los valores tradicionales que han moldeado la nacionalidad: “Nuestros desafíos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que enfrentamos pueden ser nuevos. Pero todos estos valores de los cuales depende nuestro éxito -trabajo duro y honestidad, valor y lealtad, tolerancia y curiosidad, lealtad y patriotismo- son antiguos. Estos valores son verdaderos. Han sido la fuerza silenciosa del progreso a lo largo de nuestra historia”. Apela, entonces, a la “base ideológica” que ha permitido a EE. UU. ser lo que ha sido, a partir de su fundación como Nación, hasta la fecha.
2.ª Defensa inclaudicable de esos valores tradicionales: “No nos disculparemos por nuestro estilo de vida, ni vacilaremos en su defensa”.
Evidentemente, esto es una advertencia firme a “Aquellos líderes del mundo que buscan alentar los conflictos o atribuir los problemas de nuestras sociedades a Occidente”. Es obvio que es una alusión, entre otros, a Irán, Corea del Norte, Siria y a los grupos informales Hamás y Hezbollah para que se abstengan de sus prédicas antiestadounidenses.
3.ª Reivindicación del poder económico de EE. UU. ante el mundo: “Seguimos siendo la nación más próspera y poderosa de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos creativas, nuestros bienes y servicios no menos necesitados de lo que lo eran la semana pasada o el mes pasado o el año pasado. Nuestra capacidad se mantiene intacta...” Sin duda es un “guiño” a las potencias emergentes que pueden disputar la posición hegemónica que ha ostentado EE. UU., tales como China, India, U.E., Rusia y Japón. No obstante, no da por sentado ese poder omnímodo que cree tener, cuando dice: “Reafirmando la grandeza de nuestra nación, comprendemos que la grandeza nunca está asegurada. Debe ser ganada”. Apuesta a mantener y mejorar la productividad del trabajo, estimular aún más el ingenio creador y seguir ofreciendo bienes y servicios al mercado internacional.
4.ª Espaldarazo a la promoción fuerte de la ciencia, la tecnología y la educación: Empleo de estas fuerzas del conocimiento y de producción en la generación de riqueza, haciendo énfasis en la explotación y el consumo energético (incluida la alternativa) y en el mejoramiento de los sistemas educativo y sanitario.
Así lo expresa cuando aclara: “Domaremos el sol y los vientos y la tierra para alimentar nuestros vehículos y hacer funcionar nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y colegios y universidades para enfrentar los desafíos de la nueva era”; “Devolveremos la ciencia a su debido lugar, y usaremos las maravillas de la tecnología para incrementar la calidad de nuestro sistema de salud y reducir su costo”.
5.ª Preocupación por el consumo excesivo de la energía convencional y sus efectos en el clima:
“cada día hay nuevas evidencias de que la forma en que usamos la energía fortalece a nuestros adversarios y amenaza a nuestro planeta”. “Con viejos amigos y ex adversarios, trabajaremos incansablemente para... hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta”. Estas definiciones nos dan esperanzas de que EE. UU. estaría admitiendo que son imprescindibles límites a la emanación de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Esto es un primer anuncio de que esa nación estaría dispuesta a someterse al cumplimiento de acuerdos que deriven en esa materia.
6.ª Estado eficiente y solidario: “La cuestión que ahora nos plateamos no es si nuestro gobierno es demasiado grande o demasiado pequeño, es saber si funciona, si ayuda a las familias a hallar trabajo y sueldos decentes, a tener cuidados médicos asequibles, y una jubilación digna”.
Esta profesión de fe contradice la tesis sostenida por el Partido Republicano de que todo debe dejarse en las manos del mercado para que lo resuelva.
7.ª Rendición de cuentas y transparencia: “ Y a quienes entre nosotros manejamos el dinero público se nos debe pedir cuentas -para gastar de forma de forma sensata, acabar con los malos hábitos y ser transparentes-, porque sólo entonces podremos restaurar la vital confianza entre el pueblo y su gobierno”. La democracia participativa e inclusiva para que la gente controle, reclame y exija correcciones en el proceder de las autoridades, parece ser que ocupará un papel preponderante en el gobierno de Obama.
8.ª Vigilancia del mercado: “esta crisis nos ha recordado que, sin una atenta vigilancia, el mercado puede descontrolarse, y que una nación no puede ser próspera cuando sólo favorece a los más ricos”; “Nuestra economía está gravemente afectada, como consecuencia de la avaricia e irresponsabilidad de algunos”. La crisis financiera en EE. UU., y que ha llegado al sector de la economía real en el mundo, fue fruto de la fe ciega en el mercado y en la supuesta autorregulación de los excesos.
9.ª Seguridad y política exterior: Las relaciones internacionales no estarán por arriba de la Constitución, la cual se hallará sometida al imperio de la ley y al respeto de los derechos humanos. Respeto al multilateralismo (“resistentes alianzas”, ONU) y a la autodeterminación de lo pueblos (“Comenzaremos a dejar responsablemente Irak a su pueblo”), acuerdos para reducir la amenaza nuclear (v.g. el tema de Corea del Norte, contactos con Rusia), resolución de conflictos de vieja data (¿el conflicto árabe-israelí?), retiro del apoyo a regímenes corruptos y violadores de los derechos humanos, cooperación y asistencia para el desarrollo y la solidaridad, políticas de inmigración. Todo lo contrario a lo practicado por las Administraciones Republicanas (y también algunas de corte Demócrata).
* Politólogo
periódico La Prensa Libre 23 enero 2009.

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