Los huesos de Poe
Literatura
Recordado En su bicentenario, se reanima el culto por el excéntrico y notable escritor Edgar Allan Poe
Uriel Quesada | urielq@hotmail.com
El 19 de enero se celebraron 200 años del nacimiento de Edgar Allan Poe: fecha simbólica, aunque por las vísperas parece que es más importante la de su muerte, acaecida en el año 1849. Poe murió en la ciudad de Baltimore, donde se encuentra enterrado en un modesto cementerio adyacente a una iglesia. La tumba es un notable lugar de peregrinación –por ejemplo, Borges se retrató ahí–, y todo aquel que acuda a las oficinas de turismo de la ciudad puede hallar la tumba del poeta y narrador entre los puntos importantes que deben visitarse.
De un tiempo acá, varias ciudades pelean el honor de albergar lo que quede de Poe. Boston lo reclama porque nació allí, pero algunos intelectuales del estado de Virginia aseguran que el mejor lugar es Richmond, donde el futuro escritor pasó parte de su niñez y su juventud. Nueva York tiene el argumento más débil: “Aquí fue feliz”, aunque aún no está claro en qué sentido la felicidad es un criterio para apropiarse de unos huesos.
Un intelectual del área de Penn-sylvania ha intentado probar que la mayoría de los cuentos policíacos –en español los hemos conocido tradicionalmente por Historias extraordinarias – fueron escritos por Poe en Filadelfia, lo cual la acredita como depositaria indiscutible del cadáver.
Aquella persona incluso ha argumentado que el clima de crimen generalizado en Filadelfia en el siglo XIX fue fundamental para inspirar esas narraciones que hoy se consideran fundadoras de toda una corriente estética y comercial. Vaya uno a saber cómo se puede probar el detalle de la inspiración, aunque el argumento de los altos índices de delincuencia ha dejado muy mal parada a Filadelfia y ha dado munición a otros contendientes.
Por ejemplo, los curadores del museo Poe, en Baltimore, se han manifestado dispuestos a ofrecer a Philly no el cuerpo de Poe, sino el de algunos malandros de poca alcurnia, entre ellos el asesino de Abraham Lincoln: John Wilkes Booth, nacido cerca de Baltimore.
Competencia. La apropiación de figuras culturales importantes –a veces simplemente pintorescas– no es rara en los Estados Unidos. Cada abril, Nueva Orleans organiza un extenso programa dedicado a Tennessee Williams, con teatro, conferencias y hasta concursos callejeros. Parte de la obra de Williams tiene como escenario Nueva Orleans, pero él no nació ni murió en esa ciudad, sino que fue un asiduo visitante. También lo fueron Truman Capote, a quien no se le dedica nada, y Mark Twain.
Twain iba de cuando en cuando al Garden District a visitar a un amigo cuya mansión los turistas deben atisbar desde la calle y entre las rejas cubiertas de higuera.
Nueva Orleans también celebra a Ignatius Reilly, uno de sus hijos más conocidos. El problema es que Ignatius es un personaje de ficción, el excéntrico y siempre hambriento protagonista de la novela La conjura de los necios.
Las personas se toman fotos junto a la estatua de Ignatius, a las puertas de un edificio en Canal Street; hacen el recorrido de cantinas del personaje, comen los famosos lucky dogs y hasta toman cocteles bautizados con el nombre de Ignatius. Del autor de la novela, John Kennedy Toole, apenas sobrevive una placa en una modesta casa en el área de Black Pearl, pero llegar a la casa requiere voluntad y paciencia pues muy pocos la tienen presente y menos aún recuerdan su dirección.
Dama gótica. Una de las escritoras que hizo del culto a sí misma todo un aparato comercial y literario fue Anne Rice, quien rescató la tradición erótica de los vampiros y, en general, del mundo de las tinieblas del Sur de Estados Unidos.
Antes de enviudar, convertirse en católica renovada y finalmente retirarse a una casa en el campo, Rice poseía una mansión frente a la que todo tipo de persona aguardaba por horas esperando saludarla.
La escritora mandó construir un enorme balcón protegido con ventanales hasta el primer piso, donde a veces se la podía ver desde la calle, aunque parecía más una de las sombras de sus libros que una persona de carne y hueso.
Ella también diseñó colecciones de joyería, pero su mejor producto fue Anne Rice. La pasión por los vampiros se fue extendiendo por todo el país. Se crearon cofradías que en Nueva Orleans organizaban congresos y encuentros de vampiros reales y ficticios, fanáticos de lo oculto y expertos académicos en dichos temas.
Esos grupos salían a las calles tarde en la noche, se colaban en algunos cementerios para asistir a rituales con los espíritus y visitaban sitios relacionados con historias de sangre y sucesos sobrenaturales.
Para rematar los encuentros, Rice ofrecía fabulosas fiestas en alguna de sus muchas propiedades. La más notable era un antiguo orfanato –de por sí suficientemente tétrico para albergar espíritus sufrientes y leyendas de horrores– cuyas puertas de cancel estaban resguardadas por dos ángeles.
Todos los asistentes vestían de negro, y quienes se tomaban el asunto verdaderamente en serio incluso parecían seres siniestros.
El antiguo orfanato –luego lugar de encuentro de vampiros– se ha transformado en un condominio de lujo. Nadie volvió a hablar de los espíritus que convocaba Anne Rice.
Doble Poe. A pesar de su importancia cultural, las celebraciones de Poe tienden a ser más discretas, menos festivas. Hay actores que lo personifican, algunos actos oficiales, pero parece incluso que, a tantos años de su muerte, sigue siendo un autor de tonalidades grises.
Su obra policíaca tuvo gran impacto a partir de la segunda mitad del siglo XIX, pero, hacia 1890, las narraciones de Arthur Conan Doyle empezaron a ganar terreno hasta convertir la escuela de literatura policial inglesa en el referente para muchos autores y lectores alrededor del planeta.
Hoy no hay un Edgar Allan Poe, sino al menos dos. El primero, el escritor, tiene sus propios círculos de adeptos, quienes formulan serios análisis y se reúnen para discutirlos. El segundo, el personaje popular, vive del aura de misterio y desgracia de la persona real. Como tal, es un ser cambiante.
Poe ha inspirado películas, un viejo y hermoso álbum del grupo de rock progresivo The Alan Parsons Project y personajes de novelas y cuentos. Alguna vez, los dos se cruzan, como cuando Borges posó para hacerse un retrato junto a la tumba en la esquina de Greene con Fayette.
Ambos personajes también se cruzaron este 19 de enero, cuando docenas de personas esperaron a la intemperie, con temperaturas bajo cero, para asegurar a los huesos de Poe que no abandonarán su sitio de descanso en Baltimore.
EL AUTOR ES ESCRITOR COSTARRICENSE. ACABA DE PUBLICAR EL LIBRO DE CUENTOS ‘VIAJERO QUE HUYE’.
Suplemento Áncora. periódico LA Nación. 25 enero 2009.

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