Bases farmacológicas de las religiones
Carlos Ml. Quirce Balma PhD *
Cuando la ciencia incurre sobre la religión y sus creencias, a veces comete el error del reduccionismo y la sobregeneralización. El viaje a través de la ciencia no debe ser un viaje en contra de la vida religiosa, sino un examen de los correlatos involucrados en dichas creencias.
Ciertamente, Wasson y posteriormente muchos otros de los llamados antropólogos psicodélicos, llegaron a examinar la relación entre los distintos cuerpos religiosos del mundo y el uso de psicofármacos como parte de los rituales religiosos. Antes de estas escuelas de tipo más etnobotánico y psicofarmacológico, las principales teorías antropológicas sobre la vida primitiva y la vida nativa, provenían de las escuelas de Mircea Eliade y otros (incluyendo a Levi-Strauss parcialmente).
Tanto Wasson como Schultes iniciaron un estudio muy sistemático del uso de los psicofármacos derivados de las plantas en las civilizaciones antiguas. Wasson trabajó principalmente sobre dicho uso entre los arios de la India y sus religiones védicas, en particular sobre la constitución botánica del SOMA (bebida descrita en el noveno mándala del Rig Veda). También trabajó sobre las civilizaciones rusas antiguas, las civilizaciones precolombinas y las civilizaciones griegas de la antigüedad.
Un cierto patrón comenzó a emerger a consecuencia de dichos estudios. Wasson mantuvo que la base farmacológica del SOMA del hinduismo era el hongo Amanita muscaria, que contiene los alucinógenos conocidos como el mucimol y el ácido iboténico. Estos tienden a afectar los sistemas de neurotrasmisión cerebral conocidos como gabaminérgicos.
Para Wasson formaban la base misma de la preparación védica del SOMA. En tiempos recientes Flatterry y Schwartz contradijeron a Wasson y mantienen aún, a través de un detallado estudio de los textos sagrados persas (Avestas) y de los Vedas, que el SOMA era preparado a partir del Peganum harmala, un arbusto que crece en el norte de Irán y que contiene una beta-carbolina conocida como la harmalina. Esta es un leve alucinógeno así como un inhibidor de la enzima monoamina oxidasa, que existe en grandes cantidades en el cerebro.
También otros autores tales como Aldrich, Touw, Sharma y Quirce han publicado diversos trabajos insistiendo que el SOMA, era preparado a partir de una hierba usada en el norte de la India y que contenía canabinoides. Llamada Bhang y Ganja, dicha hierba era usada en las fiestas ritualísticas del dios Shiva a través de la India. Autores muy recientes, entre ellos el actual escritor, han indicado la existencia en la India de una planta denominada Argyreia nervosa, cuyas semillas contienen la amida del ácido lisérgico. Una combinación de todas las anteriores bien podría haber sido la fórmula utilizada en la preparación del SOMA. Muy interesantemente, la harmalina del Peganum harmala prolongaría el efecto de la amida del ácido lisérgico de la Argyreia nervosa .
Wasson también identificó a los hongos del llamando Teonanacatl o “carne de Dios”, usado por los aztecas en sus ceremonias religiosas. Dicho hongo, principalmente el Stropharia cubensis, se combinaba con otros hongos alucinatorios también y posiblemente con diversas Daturas (bloqueadores del receptor colinérgico del cerebro), para formar una bebida utilizada en las ceremonias religiosas de México. El psilocibin es un triptaminérgico y estimula el receptor serotoninérgico tipo 2 del cerebro. Otros hongos que lo contienen son: el Psilocybe, el Conocybe y el Panaeolus También se debe mencionar otros etnobotánicos y antropólogos destacados tales como Hofmann y Osmond. Ambos, junto con Schultes, formaron parte de los investigadores que lograron identificar las bases farmacológicas del llamado ololiuqui utilizado por los Zapotecas de Oaxaca y a través de todo Centroamérica.
Las semillas de las enredaderas Rivea corymbosa e Ipomea violacea, contienen la amida del ácido lisérgico y eran utilizadas en diversos ritos y ceremonias religiosas. Según parece, los alucinógenos formaban parte integral de la vida cultural precolombina y eran la base misma de los “sacramentos” de esas religiones.
Ciertamente, Carod-Artal y Reichel-Dolmatoff coinciden en el hecho de que los alucinógenos forman parte fundamental de las religiones y ritos de los indios del Amazonas. Quizás la droga más utilizada en el amazónica es la bebida denominada el ayahuasca o yagé y que contiene tanto Banesteriopsis caapi como Psychotria viridis. El primero, es un bejuco o liana y existen diversas especies del mismo. Contiene la droga denominada harmalina y como se indicó es un inhibidor de la enzima cerebral monoamina oxidasa. El segundo es una árbol pequeño, cuyas semillas y tallos contienen el compuesto denominado dimetiltriptamina o DMT. Este último es un poderoso alucinógeno, pero que es degradado por la enzima monoamina oxidasa del cerebro. El chamanismo amazónico logró combinar ambos en forma muy sabia, pues la harmalina del Banesteroipsis caapi, permite que el alucinógeno DMT introducido a través del Psychotria viridis, prolongue su acción sobre el cerebro, sin ser degradado por la monoamina oxidasa. A consecuencia de ello los rituales religiosos, se prolongaban muchas horas más en las amazonas, bajo el efecto del DMT.
Schultes destaca, el uso de diversas Anandenantheras, que son árboles y cuya corteza y/o resina era utilizada por los indígenas de Colombia y del Caribe para sus ritos religiosos. Usualmente eran molidos, hasta formar un fino polvo y este se usaba a través de pipas como un rapé. Dichas plantas contienen bufotenina y dimetil triptamina (DMT) también.
Wasson también descubrió que las cervezas usadas entre los griegos antiguos en los llamados “misterios de los Eleusios”, contenían muy probablemente la amida del ácido lisérgico y otras ergonovinas derivadas de la acción del “fungo” Claviceps purpurea sobre el grano del cebada, utilizado para fermentar dicha cerveza. El Claviceps purpurea de acuerdo con Harner, también infestaba el grano del centeno, utilizado para formar el pan de los campesinos y monasterios del medioevo. Se ha dicho, de acuerdo con numerosos autores, que el famoso baile de San Antonio o fuego de San Antonio, venía como consecuencia en el medioevo del envenenamiento con ergotaminas producto de ese hongo. La brujería medieval, utilizaba dicho pan infectado para separar las ergonovinas y usarlas en sus aquelarres, así como para razones de parto.
Matossian, en tiempos recientes, ha mantenido que la amida del ácido lisérgico al existir en el pan de centeno infectado, formaba parte de tanto los monasterios como de los grupos de parteras que fueron acusadas de brujas. Algunos antropólogos farmacológicos han sugerido, en forma exagerada, el que el mana del desierto mencionado por la Biblia, era pan de centeno infectado por el Claviceps purpurea.
En general, el debate sobre las bases farmacológicas de las religiones mundiales continuará, a medida que un mayor de descubrimientos se logren hacer. Desde luego, antropológicamente, también de tomarse en cuenta lo complejo de los rituales, las mitologías y las enseñanzas, que conllevan la producción de set de anticipación en dichas religiones y que a su vez produce una influencia profunda sobre los efectos alucinatorios.
* D.Sc.(Honoris Causa); DSG (Honoris Causa) Investigador Catedrático de la Escuela de Psicología y de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Costa Rica
periódico LA NAción 29 enero 2009.

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Me parece que el conocimiento del doctor es muy amplio. se inspira en su conocimiento empirico, de primera mano de los alucinogenos de los que tanto parece saber. Sin embargo su exposicion se limita a una erudicion que para el profano o el primerizo puede parecer asombrosa, no así, para aquel que no se deja sorprender por citas biograficas, nombres cientificos y nombres postumos. Como en todos sus articulos y publicaciones, el señor Quirce se limita a "compartir" o "abordarnos" con su polymathia, la cual deslumbra pero no profundiza, igual que su charla extraviada, que parece naufragar en un oceano de nombres y libros muy lejanos...
Alexis Zorba | 17-02-2009 - 20:33:08 GMT 1 #