Las batallas de las mujeres son más dramáticas”
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Escrito por Beatrice Sartori
El gran Clint Eastwood regresa a las pantallas por partida doble. El intercambio, película protagonizada por Angelina Jolie que el cineasta presentó en el último Festival de Cannes. Se trata de un thriller ambientado en los años 20 sobre una madre cuyo hijo es secuestrado.
Y Gran Torino, que dirige y protagoniza, sobre la relación entre un viejo racista y un joven asiático. El artista habla aquí sobre la etapa de gran efervescencia creativa que está viviendo y su fascinación por lo femenino.
Quizá, la única “función” sensata del cine sea hacernos mejores personas. El cine de Clint Eastwood, anclado en la búsqueda moral de la rectitud, encuentra su grandeza en plantear las grandes cuestiones que afligen al ser humano sin dobleces ni artificios. Es lo que logra, de nuevo, con El intercambio, una película portentosa sobre una madre (Angelina Jolie) que, tras sufrir el secuestro de su hijo, debe enfrentarse a la corrupta policía del Los Ángeles de finales de los años 20 cuando ésta le devuelve, como si fuera el suyo, un niño distinto. Es el planteamiento de una epopeya emocional de dos horas, filmada casi como una película de terror, en la que Eastwood, ayudado por el espléndido guionista J. Michael Straczynski, la fotografía de Tom Stern y la bellísima partitura musical creada por él mismo, reflexiona sobre cuestiones esenciales como la existencia del Mal, la fragilidad de la civilización, el nacimiento de la cultura de masas o la fina línea que separa lo que entendemos por locura y cordura.
Jolie, más bella que nunca, es la reina de una película de una dureza extrema que deja al espectador con un agujero en el estómago y la sensación de haber asistido a un carrusel sobre la bajeza y la grandeza humana que deja al mismo tiempo exhausto y bendecido. El ganador de cuatro Oscars, director de Imperdonables (1992) o Million Dollar Baby (2004), habla de esta película y también sobre Gran Torino, donde vuelve a ejercer como director y también como actor, en la piel de un veterano de la Guerra de Corea, racista y amargado, que se empeña en llevar por el buen camino a un joven vecino suyo de origen asiático.
Como en Million Dollar Baby, la protagonista de El intercambio es una mujer aparentemente frágil envuelta en una lucha desigual.
Sí, tanto Maggie Fitzgerald (Million Dollar...) como Christine (Intercambio) son dos mujeres que tienen que operar en un mundo dominado por hombres. En esta ocasión, se narra la película desde su punto de vista, cosa que ya sucedía en Los puentes de Madison. Al final, Christine es una mujer cambiada que incluso participa en política. Algo inusual en Los Angeles de 1928. Es un personaje fascinante en un caso muy bien documentado. Y las batallas de las mujeres son más duras, así que sus historias y situaciones son más dramáticas. Siempre he sentido curiosidad por ellas.
Humillaciones
Las torturas a que fue sometida resultan casi increíbles.
Todo lo mostrado en la película es cierto. Un criminal secuestró a su pequeño y la policía, para evitar el escándalo, le devolvió otro. La amenazaron y chantajearon, la secuestraron para internarla en un asilo mental y la sometieron a electro shock y a condiciones de humillación. Puede sonar a ficción, pero todo es cierto. La propia Angelina no se creyó al principio la historia, por su excesiva crudeza. Al final hizo suyo el personaje de una mujer que se enfrenta a un poderoso sistema y que hace justicia.
Usted nació dos años después del crimen. ¿Supo de él?
No mucho, aunque fue algo que convulsionó a la turbulenta ciudad y al resto del país. Existe, de todos modos, numeroso material bibliográfico sobre el asunto, sobre todo por la actuación pública del reverendo Gustav Briegleg. Y las denuncias de los medios contra la corrupción policial, como en L.A. Confidencial, también basada en un crimen real.
¿Fue prolijo ese proceso de documentación?
Sí, pero lo dividimos con el guionista, J. Michael Straczynski, y el director de producción, James J. Murakami. Revisamos antiguos documentales sobre el centro de Los Angeles de la época, muchas fotografías y libros. La película se desarrolla entre 1928 y 1935. Hasta 1950, la ciudad se preservó bastante intacta. Me he basado también en mis propios recuerdos de infancia.
El secuestro y asesinato de niños por un pervertido son realmente estremecedores.
Los Angeles ha sido desde los principios una ciudad torturada. Pero esto traspasó todo los límites imaginables. De todos modos, me interesaba más contar la aventura de la madre que centrarme en el crimen. Creo que así la historia es más rica. ¿No le parece?
Por supuesto. La recreación de la época es muy minuciosa.
Yo crecí durante aquel tiempo y tengo una memoria exacta de todo. Sobre todo, del lenguaje, tan diferente al más rudo de nuestros días. Pero sobre todo, creo que es una película que también refleja lo que ocurre en la actualidad: el maltrato de menores y la corrupción policial. Es lamentable lo poco que han cambiado algunas cosas.
El intercambio cuenta una de las historias más duras que ha explicado en su carrera.
La base de lo dramático es el conflicto. Ese conflicto puede ser tanto interior como físico, o estar en relación con el mundo que rodea al personaje. Eso es lo que quiere ver la gente. Y cuanto más inusual, mejor. Por eso, los periódicos siempre ponen en primera página la historia más extraña. En el caso de El intercambio, no es una película necesariamente feliz aunque creo que también se pueden hacer películas buenas con asuntos alegres. De todos modos, tal y como yo la veo, la gran pregunta es si la protagonista será capaz de encontrar la felicidad o el equilibrio después de todo lo que ha vivido. Y en este sentido creo que el filme no acaba siendo tan demoledor como pueda parecer en algunos momentos.
Está ambientado en la época de la Gran Depresión, unas circunstancias que parecen repetirse.
La viví porque vi a mis padres, que se casaron muy jóvenes, luchar contra ella. Él estaba empleado en la industria del acero, que se hundió. Estos son tiempos muy confusos y me parece que las promesas de los políticos están vacías y no van a ninguna parte.
Madre coraje
Después de demostrar el año pasado sus grandes dotes dramáticas en la espléndida Un corazón invencible, de Michael Winterbootom, Angelina Jolie vuelve a meterse en la piel de una “madre coraje” para ofrecer la mejor interpretación de su carrera. La secunda John Malkovich en la piel del reverendo Gustav Briegleb, un predicador radiofónico cuya “misión en la vida” es “destapar la corrupción de la policía de Los Ángeles”.
Jolie es el centro del filme.
Yo no la conocía personalmente ni tampoco había visto muchas de sus películas. Ni siquiera tenía demasiadas referencias sobre cómo se comportaba en el set de rodaje. Hasta que hablé con ella y vi su compromiso. De todos modos, siempre he percibido en su figura el glamour y la clase de las grandes actrices americanas de la época clásica. Como madre, entendió al 150% el personaje y no quiso intelectualizarlo. Yo tampoco suelo trabajar así. Ella llegó completamente preparada y siendo Christine, con su trauma y emociones. Es el sueño de todo director. Además, es intoxicantemente bella.
¿Fue un rodaje doloroso?
Cuando Angelina abandonaba el plató regresaba a un hogar feliz. En el set era Christine completamente y sí, la veíamos sufrir. Yo prefiero que un actor entienda la historia y se sepa los diálogos. Después, me siento tras la cámara y veo lo que trae y produce. No necesito que continúe sufriendo cuando se han apagado los focos.
Dos filmes de una tacada
Clint Eastwood comenzó su carrera interpretando a héroes míticos como el fuera de la ley Josey Wales, Harry el Sucio o el sargento “Gunny” Highway (El sargento de hierro). Era entonces un actor carismático y apreciado por el gran público. Fue tras El jinete pálido, con más de 50 años, cuando comenzó a explotar su potencial. Cumplidos los 70 alcanzó grandes alturas con filmes como Mystic River, el díptico Banderas de nuestros padres y Cartas desde Iwo Jima. Mientras estrena El intercambio, ya ha rodado Gran Torino, y prepara un proyecto, de nuevo con Angelina Jolie, sobre Nelson Mandela. Considerado unánimemente un “gran maestro americano”, Eastwood es el mejor heredero de la tradición clásica de su país, un cineasta más allá del bien y del mal al que nadie discute su grandeza.
Nunca realiza muchas tomas. ¿Fue así en El intercambio?
Desde luego. Y si eran escenas fuertemente emocionales, rodábamos en continuidad. Me gusta que cuando mis actores trabajen ante la cámara no se sientan preparados, que duden. La frescura está ahí. Lo demás es cuento.
¿Se aplica esa fórmula a usted mismo?
Por supuesto. Aunque cuando dirijo y actúo, pueden interferir en esta “fórmula” las mil complicaciones que surgen.
Hace tiempo anunció su retirada de la interpretación y, sin embargo, regresa con Gran Torino.
Disfruto mucho trabajando y mi familia me acompaña siempre. Mi hija Morgan ya ha estado en dos películas, incluyendo ésta. Me llegó el guión de Gran Torino cuando acabé el montaje de El Intercambio. Me pareció un proyecto de poco presupuesto, atractivo y abordable. Mi personaje, Walt Kowalski, es un veterano de la guerra de Corea algo loco e irascible que trata de reformar a un vecino adolescente que le ha intentado robar su más preciada posesión, su coche Gran Torino de 1972. Me gustan todos los géneros y disfruto enormemente. Nadie me puede parar.
¿Está muy avanzada The Human Factor?
Rodaremos en 2009. Trataremos el conflicto interior de Nelson Mandela, un gran líder para este tiempo turbulento. Estuvo en prisión 25 años y fue elegido presidente de su nación. Es asombroso lo logrado por este hombre digno y ejemplar. Es una inspiración para todos, habiendo perdonado a quienes le condenaron.
A mucha gente le sorprende que sea usted republicano.
Toda mi vida he sido republicano, pero ahora los partidos no son lo que eran cuando yo era joven y estaba en el ejército. Mi visión política es, eminentemente, libertaria: creo que cada uno debe poder hacer lo que le da la gana y que es malo regular en exceso la vida. En este momento, no hay ningún partido que represente los valores en los que yo creo.
Tomado de El cultural
Suplemento Forja. Semanario Universidad. enero 2009.

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