Columna Ojo Crítico
Rodolfo Cerdas
politólogo
Mientras empresarios y trabajadores sienten, en sus bolsillos, estómagos y perspectivas, una crisis avasalladora, unos pocos bien situados hablan del tema, pero siguen igual. Y esto en Wall Street, donde el ladrón roba al ladrón; y en San José, donde la solidaridad del pueblo no parece entrar en ciertas áreas. Mientras unos pelan la pava, otros la miran pelar, porque, como en los casinos, aunque muchos pierdan, la banca siempre gana.
En lo que ahora se llama “economía real” (diferente de la “otra”, porque en esta no hay gente de carne y hueso y solo habitan las cifras oficiales, tan alegres como fallidas), las cosas tiran a peor. Por eso ya era hora de que el Ejecutivo presentara algún plan, aunque fuera en una rimbombante reunión que habría hecho sonreir a Omar Dengo. Pasó casi medio año desde que fue evidente la urgencia de un plan coherente e integral contra la crisis. Pero, como se limitaron a hablar de vacas flacas y nos aseguraron que la crisis no nos tocaría o lo haría muy poco, se esperaron a la sin remedio. Suerte que no era cosa de médicos: porque como que solo son buenos para las autopsias.
Ahora resulta que el plan propone, para combatir el desempleo, rebajarle el salario a los trabajadores, mediante una obligada solidaridad que implica disminuir la jornada de trabajo y, por allí, su salario. Regalón el Ejecutivo con el ingreso del trabajador, aunque ya sea muy escaso. La socialdemocracia en el poder muestra sus colmillos: usa la crisis para desmantelar las garantías sociales. Pero, claro, no rebaja ni limita los intereses que tecnocráticamente le aumenta a los bancos privados el Banco Central, en contra de la olvidada clase media. Tampoco se estimula la producción nacional como debiera, ni se rebajan los impuestos; se aumenta el endeudamiento externo y, ni por asomo, se toca a quienes hacen clavos de oro con operaciones financieras, para no hablar de los beneficios que traerán los aumentos de las cuotas de azúcar y etanol gracias al TLC.
La contrapartida social, como lo señaló la diputada Lorena Vásquez, es asistencialista. Aunque eso no es malo –del ahogado el sombrero–, solo se aumentarán algunas pensiones mínimas y se dará una loncherita los fines de semana, para aliviar el hambre a los niños más pobres y tres personas más; pero solo en algunos cantones, sin decirse cómo se ejecutará –mala palabra en tan lírico Gobierno–, ni cuándo abarcará al resto de la semana y a todo el país.
En suma, más hojas que tamal. O, para mantenernos en los alardes de erudición ejecutivos, como dijera el bardo Guillermo Shakespeare, mucho ruido y pocas nueces.
periódico La Nación 1 febrero 2009.

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