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RESONOCO

17/02/2009 GMT 1

Columna A FONDO

marfuerte @ 02:35

José A. Cabezas
jcabezas@racsa.co.cr
La Opinión Pública se siente hastiada de ver que un grupo de legisladores han confundido una de sus principales funciones, que es el control político necesario en toda democracia, con el innoble y deleznable ejercicio de la chismografía. ¿Qué es lo que pasa? Qué ayunos de capacidad y preparación por un lado y de fundamento ideológico por el otro, no tienen otra alternativa que pasarse semana tras semana hurgando en las vidas políticas, sociales y privadas de decenas de contrincantes, para salir a denunciar que fulanito usó un carro oficial para dejar a los hijos, que zultanito se ve a escondidas con una amante, etc., etc. Y a eso le llaman, flamantemente, combate contra la corrupción. Y tienen mercado. Tienen bastante mercado. Es que hay un grupo numeroso de ciudadanos que les gusta la morbosidad y condenar a los demás sin ver sus propias vidas personales.

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La chismografía se ha convertido en un negocio que algunas veces deja plata y otras, deja puestos políticos. Eso, desde la llanura, tenemos que entenderlo.

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Pero por encima de ese “relleno sanitario”, mal cubierto como todos, en que se han convertido algunas conferencias de prensa del Congreso, hay, de vez en cuando, denuncias que sí nos paran los pelos y por las que hay de devolverse. Una de ellas ha sido la que hizo el diputado Carlos Gutiérrez contra el gerente del Banco Hipotecario de la Vivienda, Ennio Rodríguez, quien se gastó con dineros públicos la suma de ¢627 mil, invitando a cinco funcionarios de un banquete.

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Aunque sean sacados del rubro de gastos de representación a los que tiene derecho, el acto es una absoluta irresponsabilidad. Más aún, es una canallada. Una institución que financia a personas insolventes para que tengan su casita, pierde todo sentido político al ser utilizada para tales lujos. Obviamente, no caeríamos en los ridículos del PAC, que legislando moralmente para afuera, condena el gasto de un bollo de pan. Pensamos que un funcionario de cierto nivel debe de tener, con justicia, la gratificación de poder invitar a cenar en compromisos oficiales. Pero nunca con tal abuso, con un consumo de más de ¢100 mil por persona, y dicho con respeto, especialmente no tratándose de invitados pertenecientes a la realeza europea.

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Don Ennio nos deja muchas dudas de su capacidad administrativa en esta institución. Además de una profunda indignación.

periódico La Prensa Libre 2 febrero 2009.

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