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RESONOCO

20/02/2009 GMT 1

Columna ESAS COSAS RARAS

marfuerte @ 01:35

María Elena Jiménez Vega
mjimenez@prensalibre.co.cr
¡Seiscientos veintisiete mil colones por un almuerzo! Catorce personas distinguidas del gobierno se dieron el lujo de gastar ese monto durante un almuerzo en el restaurante Cerutti, para hablar sobre la erradicación de tugurios; tal y como ha sido consignado como noticia en distintos medios de comunicación.

El audaz de tan gentil atención fue le gerente del Banco Hipotecario de la Vivienda (Bahnvi), Ennio Rodríguez. Yo sólo me pregunto: ¿qué hace Auditoría Interna?
Estoy de acuerdo en que un empleado por su trabajo de campo, cobre por su almuerzo pero, estoy absolutamente segura de que si la factura consigna un costo de 20 mil colones por el mismo, únicamente se le reconocerían, con suerte, 4 mil colones.

Y no es que caigamos en el ridículo de decir que con 627 mil colones se hubieran podido comer casi 100 platos de gallo pinto de la soda “los patitos”. Estamos claros que algunas entidades del Gobierno, deben tener gastos de representación, sobre todo en lo que concierne a la atención de presidentes de Estado, reyes, ministros o empresarios con quienes se trata de intercambiar algún beneficio para el país. Pero que entre los mismos jerarcas de instituciones del Gobierno se adulen de esa forma, da vergüenza.

Vergüenza porque se dice que el país está en crisis, una situación que no se inventa hoy, sino que se ve venir desde mediados del año pasado. Vergüenza porque el martes muchos se quedaron sin empleo al cerrar Domino’s Pizza, entre otros miles que han quedado con un futuro incierto por la falta de trabajo. Vergüenza porque el 8 de enero familias enteras se quedaron sin vivienda y sin nada, tras el terremoto.

Y una se pregunta, ¿qué pasa con los gastos de representación excesivos que se dan en algunas entidades publicas que no salen a la luz pública? ¿Qué hace auditoría interna, sacar el apéndice cuando sólo produce peritonitis?
Si este caso no hubiese sido público a don Ennio, (víctima de todas estas cizañas) se le hubiera encontrado algún portillo legal para que no tuviera la penosa obligación de pagar de su bolsillo estos 627 mil colones. ¿Apostamos?
¿Por qué a los jerarcas del Gobierno se les pagan almuerzos en tan distinguidos restaurantes? ¿Por qué no se les obliga a mantener una tasa básica de representación, como lo hacen con el resto de los empleados públicos? Porque en este país están acostumbrados a vivir de la “teta política”.

Por eso es que más allá de tener una vocación de servicio al pueblo miles sueñan con ser diputados, otros buscan apadrinarse con algún potencial presidente del país; porque por encima del bienestar colectivo priva “la gran vida” que pueden tener. Por eso es que cuesta tanto creer en los políticos.

Pero mucho ojo… que cuentas tarde o temprano se dan, con escandalillos de 627 mil colones o no, con auditorías o sin ellas.

periódico La Prensa Libre 6 febrero 2009.

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