LA “VOCACION DEL HOMBRE”
Juan Luis Mendoza
A mí personalmente me mueve el ayudar a la gente, sea hablando, sea escribiendo, a que goce de una relativa pero suficiente felicidad porque estoy convencido de que, como lo afirma el famoso religioso dominico y gran orador Henri Lacordaire la felicidad es la “vocación del hombre”; es decir, que Dios ha creado al ser humano para ser feliz. Henri Murger, contemporáneo de Lacordaire, lo dice así: “Hay que ser feliz. Es la meta de todo ser sensible; es el primer deseo que nos imprime la naturaleza y el único que no nos abandona”.
Claro que no falta quien tilde el tratar el tema de la felicidad como de algo que no merece la pena, intrascendente y vacío. A don Camilo José Cela se le atribuye la siguiente opinión: “Hablar de felicidad es una ordinariez…”.
Bueno, a mí me parece que es importante. Y es importante también el procurarse para sí mismo y para los demás la felicidad. Una persona feliz es normalmente buena, laboriosa, productiva, sin vicios mayores, con ganas de superación personal, muy vital, optimista, que contagia el bien y se comunica fácilmente con todos; y en ese “todos” también con Dios al que reconoce como fuente de esa su felicidad.
¿Qué es la felicidad? ¿Qué es, qué significa ser feliz? Dejo la respuesta a Bernabé Tierno Jiménez, que nos habla de dos distintas formas de concebir la felicidad:
“Una sería identificar felicidad con éxito en los negocios, en el amor, fama y prestigio social, en “tener” muchas posesiones y gentes que agasaje y admire. Se piensa que la felicidad es un sentimiento gozoso que se produce en nosotros de “fuera adentro y, en consecuencia, vivir en un estupendo piso o en una gran mansión, conducir coches caros y potentes y tener millones en la cuenta corriente… “cosas”, “posesiones”….
Eso es lo que básicamente proporciona felicidad en nuestra sociedad materialista y consumista.
Sigo el próximo sábado, Dios mediante, con la descripción de la otra forma de concebir la felicidad.
Diario Extra 7 de febrero 2009.

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